domingo 15 de noviembre de 2009

Los velos del juez Bermudez


Las decisiones de los jueces son como las que toman los médicos, levantan grandes pasiones entre el respetable, porque a menudo desatan una sucesión incontrolada de efectos en nuestras sociedades y nuestros cuerpos y, ya se sabe, nada provoca más vértigo en un humano que precipitarse a lo desconocido. Eso es lo que ha provocado el juez Javier Gómez Bermudez cuando esta semana decidió expulsar de la sala de juicios que preside a la abogada Zoubida Barik porque esta cubría su cabeza con un velo.
Lo más llamativo, a mi entender, no ha sido, con todo, la acción de Bermudez, sino la del ministro de justicia, Francisco Caamaño. Entiendo que hay un elemento corporativo presente en la acción todo ministerio, indispensable para que quienes componen ese sector de la administración se sientan respaldados, y esta realice sus labores en un clima humano que favorezca su eficiencia. Pero un ministro, como cualquier servidor público, debe volcar su esfuerzo en defender el bien común, el proyecto que toda la sociedad considera ejemplar y necesario, no en tapar las vergüenzas de quienes sirven a ese fin. Salvo que esos trabajadores, como Bermudez, sean indispensables como cortafuegos para que las llamas no afecten al jefe. Caamaño ha basado su defensa preliminar del juez en el principio de confianza. Confía en el buen criterio del magistrado, confía en el sabio entendimiento de este de las circunstancias que inducen a una decisión, confía en su capacidad para aplicar la ley.
Las instituciones están regidas por personas, que acceden a tales cargos tras no solo una especial preparación que permita la correcta ejecución de la tarea encomendada, sino tras la comprobación, y esa es la labor de los tribunales de pruebas y meritos, de su capacidad para tomar decisiones racionalmente meditadas y ajustadas al deseo ético y la finalidad de auto preservación de las sociedades. Concluimos que quienes nos gobiernan y sirven, acumulan toda esa suerte de virtudes, y eso les confiere una autoridad que, de buena fe, admitimos, aun cuando no quede reflejado en un documento legal, en una ley. Pero, por si acaso, no esta de más, tanto para protegernos nosotros del error y la arbitrariedad, como ellos del ataque malintencionado de quienes buscan conculcar la ley y su espíritu en base a criterios tan solo formalistas, que todo ello quede reflejado en una ley. Del suceso se deduce que en este caso la ley esta siendo suplida por la buena voluntad, el sentido común y la fe en los valores personales de los individuos, algo muy arriesgado, pues es tanto como colocar el funcionamiento de nuestras sociedades al albur de estados de ánimo, convicciones personales, no necesariamente unidas a las grupales e impulsos varios y humanos al fin.
Es evidente, como ha señalado Zoubida Barik que hay un vacío en nuestro procedimiento jurisdiccional, o al menos una contradicción entre lo que la ley no regula, porque antes era un supuesto imposible (que una mujer tuviera un papel activo en un tribunal, y encima no fuera judeo cristiana), y lo que los jueces interpretan, a titulo personal, como correcto. Asunto este muy relevante, pues en este caso ha privado a un acusado de ser defendido por quien él quería, lo que perjudica su legítimo derecho de defensa.
Dicho eso, tampoco parece razonable la reacción airada de la letrada, que ha enfundado el incidente en un velo de racismo e intolerancia religiosa. Mucho suponer es eso, aunque podría ser el motivo. Se atribuye a Bermudez una actitud chulesca y patrimonial, basada en al supuesta frase de que “este es mi tribunal y aquí mando yo”, o algo similar. Tenemos, como buenos latinos, una tendencia muy acusada, en mi lejano país, a la dramatización, que ya se ve, contagia hasta a los que nos llegan de fuera. No siempre las acciones que llevamos a cabo están impulsadas por oscuros sentimientos antisociales de racismo, intolerancia y fobia a lo distinto. Puede que tal frase no se haya dicho, o puede que si, pero sin convicción, motivada en una situación de tensión, en cuyo seria poco disculpable, pero entendible. Con todo, el fondo del asunto contempla dos lados más.
Lo diga la ley o no, en cuyo caso hay que reformarla, la ley debe ser laica, ajena todo espíritu de partido, creencia o costumbre, y a la vez imbuida, no ajena, por todos. Es la forma que tenemos, la única, de preservar nuestra diversidad, evitar, aunque sea en forma, la preeminencia de unos sobre otros, siendo lo común en este caso, justicia igual de partida igual para todos. Ese es nuestro valor como sociedad, el de la diferencia. Una diferencia que debe ser sagrada en el ámbito de lo privado, respetada y tolerada en la manifestación pública de los individuos, siempre y cuando no coarte el derecho a la diferencia de los demás, pero uniformizadora, cuando los organismos que la protegen actúan, porque nuestras creencias son distintas, pero nuestros derechos son los mismos.
Barik debería comprender que su velo, o el crucifijo de otros, dentro de un espacio del estado solo sirve para transmitir un predominio, señalando a quien no lo comparte como un extranjero, como alguien distinto, pero en un plano de inferioridad, y eso es inadmisible en nuestras sociedades.
No podemos caer, sin embargo, en simplismos que solo sirven para demostrar nuestra hipocresía moral. Eso de que gente como Barik reclama aquí los derechos que no osarían ni mentar en un país islámico es una sandez. Estamos aquí, no allí. Pero si que nos debe llevar a una última reflexión. Los símbolos son solo la traslación física de un convencimiento, y ese fuero interno, esa convicción, puede ser un velo más opresivo que el que se porta y ve. Un tocado marcado por una moda estética puede que este exento de malicia o riesgo. Cuando una monja católica se coloca una toga, quizá veamos una mujer con la cabeza tapada, como cualquier magrebí, pero lo que alimenta ese gesto es un compromiso con Dios, y a través de él, la entrega como hermana, en humilde igualdad, a toda una sociedad. Cuando alguien de la procedencia de Barik cubre su cabeza, lo que subyace, casi siempre, es la aceptación de la sumisión a un hombre, y por extensión al conjunto de ellos. Nuestro mayor reto no es reñir a Bermudez por como trata los velos que se muestran a sus ojos, sino a ayudar a Barik a que destruya los que se ocultan a los de todos.

domingo 8 de noviembre de 2009

Con Loquillo, en Montevideo

Habiéndonos mantenido tan cerca la historia, es curioso que Uruguay y España estén tan lejos. Sus ojos miran con disparidad, sus muecas revelan recelo, y sin embargo la historia siempre nos ofrece escenarios para reencontrarnos, como dos hermanos que disputan y al final, tras enojarse, se abrazan. Esta semana el abrazo nos le ha dado “El loco” José María Sanz, “Loquillo”, que anda por estos andurriales presentando treinta años de su memoria.
Quizá en España no se sepa, pero “el loco”, como aquí más se le conoce, es toda una pasión para los uruguayos, un símbolo de muchas libertades cuya conquista ha sido ardua. Corría 1973, cuando, al tiempo que España se preparaba para recibir las libertades, ante la crisis final del franquismo, Uruguay perdía las suyas, bajo la perfidia de la llamada dictadura cívico militar de Juan María Bordaberry, curiosidades del destino, padre de uno de los candidatos a las elecciones del día 29. Mientras el Uruguay caía en las sombras de una larga noche marcada por la represión, los desaparecidos y la violencia, España caminaba hacia la democracia. Por aquellos años un grupo de jóvenes luchaba a su manera contra el legado franquista, impulsando la libertad a golpe de rock. Así nacía en Barcelona Loquillo. Sus sonidos cruzaron el Atlántico y en aquellos años oscuros, se escuchaban en la clandestinidad entre la juventud uruguaya, como un símbolo de jóvenes que habían logrado ser libres y expresar sin trabas sus sentimientos y sus ideas. Caído el régimen de terror, pocas bandas, intelectuales y cantantes europeos y españoles visitaron, entonces y ahora, este trocito de America. Hay que comprenderlo, Uruguay es un país pequeño, poco poblado y, por tanto, un mercado poco rentable para giras, bolos y actos culturales internacionales. Pero “El loco” vino, y varias veces. De ahí que él represente como nadie el compromiso con la cultura, con la contracultura y con la expresión sin límites para los jóvenes de acá.
El, sin embargo, siendo como es poco dado a alardes y medallas, quita mérito a su protagonismo en estas tierras, recordando siempre la letra de aquella mítica canción que fue “Hombres”, “Unos llegaron muy pronto, otro vinieron muy tarde. Sólo nosotros llegamos junto en el momento en que no había nadie”.
Su vuelta a Montevideo ha tenido también otros significados, otros gestos. Ha buscado en su regreso para presentar su recopilatorio “Loquillo Rock & Roll Star. 30 años 1980 – 2010”, no el apoyo de un gran sello internacional, sino el amparo de una discográfica local, Bizarro Records, como una forma de reconocer el trabajo que aquí se hace, y la labor de promoción de jóvenes talentos por parte de las empresa discográficas uruguayas. Toda una lección de humildad e independencia, pues define a un músico que no se atiene a la reglas del mercado, sino a sus convicciones. Y regresa de la mano de su mayores éxitos editados en un box con tres discos y dos dvd, donde desgrana sus años mozos con hitos del rock latino como El Rompeolas, Cadillac Solitario o El Ritmo del Garaje, más una versión del tema de Buitres Mincho Bar.


Quizá parte del éxito del loco en estas tierras ha emanado del reconocimiento por parte del país a la admiración que este artista siente por los mercados musicales latino americanos. No hace mucho Loquillo confesaba su desencanto por una España que tradicionalmente ha dado la espalda a los grupos de rocanroll. Primero sus Trogloditas encontraron el enconado desprecio de las emisoras catalanas de radio, por expresarse en castellano. Luego el del resto de las españolas por no ser pop. Aquí no. Países como Uruguay contemplan el rock como una cultura respetable. España ha manifestado así su escasa resistencia hacia una colonización cultural arrasadora que ha mudado la música de compromiso, en un retal de cantantes melódicos, poperos y disco, una música amaestrada, dócil y carente de peligro, mientras se ha relegado en estos años al rock a la categoría de “underground”. Lógico, el rock ha sido uno de los estilos, desde la caída de la dictadura, más críticos con la sociedad y el sistema, más incómodos, como cuenta el artista, para el establishment.
Quizá sea por ello que se ve en sus ojos estos días, una cierta añoranza por aquellos tiempos lejanos de lucha, de utopia y de rebeldía. Tiempos en aquella Barcelona enterrada en las brumas de la transición que “era una ciudad abierta, cosmopolita, cercana a Europa, donde los artistas, los directores de cine, y los movimientos alternativos y más transgresores, como los de gays y lesbianas, tenían un lugar que aún no existía en otras partes del país. Todo eso se acabó, aunque se reprodujo un poco en Madrid ya entrados los ochenta”. Y se para en la conversación, mirando al infinito para retomar, al cabo de unos segundos, su discurso. “cometimos errores, la droga y los excesos nos salpicaron a todos, pero había en aquella cultura un ideal sincero. Pero ya es sabido que por lo general la historia la cuentan los vencedores, y entonces cambian lo que quieren”.
Ese sentimiento no solo se ve en sus palabras, ni en sus canciones, porque el loco es un artista completo, también en sus libros. Tras “El chico de la bomba”, Sanz publicará en octubre un ensayo, el tercero poético de su carrera, sobre la poesía de Luis Alberto de Cuenca, en colaboración con su amigo Gabriel Sopeña, y antes, en marzo, su segunda novela, vinculada a ese sentimiento de marginación del que se lamenta de forma distante, y vinculada a esas calles de Barcelona que tanto añora. Una novela que trata sobre la necesidad de irse, de huir en una búsqueda continua, “lo cuento y lo narro, porque tengo la sensación de que debo ir a algún sitio, pero no sé hacia dónde. Es una sensación extraña, pero inevitable”.
Quizá ese carácter errante, inestable y comedidamente desarraigado es lo que explica su modo de trabajo. Sanz no es un esclavo de las musas, sino un admirador de la disciplina y el trabajo. No cree en el don pasivo del artista, en la espera infantil de la idea, sino en la disciplina personal y diaria, en el talento para observar y estar pendiente de tu entorno y de tu gente. De ahí que su obra se nutra de lo que tiene que ver con él, de personajes reales que se cruzan en una acera con su negra figura. De ahí que no encontremos en su mítica chaqueta bolígrafos, grabadoras o cuadernos, “Tengo todo en la cabeza, y cuado está listo lo escribo”.
Ríe poco, mira mucho, escucha siempre, y protege sin dudarlo su independencia. En su trabajo es conservador en los métodos, y fiel al trabajo artesano, al humano, al que no depende del capricho de maquinas, ni de esclavitudes tecnológicas, aunque admira las herramientas que han roto las ataduras que sojuzgaban a los artistas a las compañías. Hoy las redes sociales han liberado a los artistas del sometimiento a las emisoras, han lacerado a los intermediarios, permitiendo que los artistas creen en libertad y se comuniquen con su público, en primera persona. Pero la red también resulta ahora un campo de lucha para los creadores, que libran la batalla por sus derechos como autores, contra una cultura colectiva de la gratuidad en internet. Y ahí el loco es claro, cuando recuerda que él, como todo el conjunto de la clase trabajadora, lucho durante mucho tiempo para conseguir el reconocimiento de sus derechos fundamentales, mientras que ahora, incluso una parte de esa clase, con la conciencia dormida, niega que los creadores tengan derechos sobre su propia obra. “Yo soy un trabajador, pago mis impuestos y mi seguridad social, y con ese dinero se construyen escuelas, hospitales, etc. Si yo no cobro dinero por mi trabajo, no podré pagar al Estado, y ese dinero no servirá para esas obras que te digo”, explica de forma vehemente mientras, volviendo a aquellos lejanos tiempos de la movida, concluye “”Si alguien piensa que dentro de algunos años la red seguirá siendo un lugar donde se descargará todo gratis, se equivoca, porque eso se acaba. Es como las drogas: primero te las dan gratis, y luego las tienes que pagar. En breve todo el mundo va a empezar a pagar por las descargas ¿qué han conseguido de momento? Enganchar a todo el mundo. ¿O ninguno de esos que reclaman la libertad en la red y la impunidad en las descargas se ha dado cuenta que las compañías telefónicas que sostienen esa red y esa descargas mantiene en España el ADSL más caro de Europa?. ¿Tiene sentido eso, o es más bien sospechoso?, pero nadie protesta por eso”. Y es ahí, en la pelea por los derechos y las libertades donde el Loco se apasiona, se revuelve, pierde esa hierática elegancia que le define. Solo ahí, que para lo demás, el hombre que camina de luto, lo hace de puntillas, entre punteos de guitarra y golpes de baqueta.

Mi agradecimiento al equipo del portal montevideo.com

martes 3 de noviembre de 2009

¿Y tú quien eres?

Así rezaba el titulo de uno de los últimos trabajos de José Luis López Vázquez, un cómico de la legua. Un actor que tanto enfundarse la piel de otros ahora esta en cada uno de nosotros. Una de esas personas que dedican su vida al noble arte de entretenernos y que a fuerza de ponerse frente a todos se convierten en un espejo, mostrándonos lo malsano y lo bello que habita en nuestro interior.

Había nacido, un presagio de estrella, frente a un cine, el Doré, como queriendo evadirse en celuloide de una vida que, trágica como el teatro, parecia haberse escrito en el cuaderno de las parcas. Su destino parecia inseparable de una familia pobre y desarraigada, marcada por el abandono del padre, lo que le había dejado con el único amparo de su madre y su abuela. Pero entre el humo que despedían los labios de las Betty Boop de la época, y la impavidez intrigante de Buster Keaton, en aquel vetusto cine, José Luis fue fraguando un sueño, no ser el, ser nosotros.
Sus primeros pasos poco tuvieron que ver con el cine, aunque si mucho con el arte, figurinista, dibujante, estilista y escenográfo. No sería hasta 1940, tras velar armas en el TEU y en el teatro de las organizaciones juveniles, cuando en la gran casa de Madrid, el Teatro María Guerrero, hoy la última estación de su largo viaje, debutaría en una obra de Suárez Deza, “El Anticuario”.
Allí ya se vio claro el genio tragicómico que albergaba, algo que no paso desapercibido para empresarios y actores como Alberto Closas y Conchita Montes, con quienes conocería el oficio, las esclavitudes de la profesión y los primeros triunfos, que se prolongarían hasta el final de sus días (La plaza de Berkeley, El vergonzoso en palacio, Crimen y castigo, Historia de una escalera, Después de la niebla, Don Juan Tenorio, El calendario que perdió siete días, La dama boba, Las maletas del más allá, El abanico, Kean, Cena de matrimonios, Cartas credenciales, ¡Amoor!, Equus, La muerte de un viajante y El manifiesto, por citar algunas de su larga carrera).
Junto a su labor de actor, López Vázquez demostraba en aquellos años una gran capacidad de trabajo y creación dentro y fuera de las tablas, convirtiéndose en un escenográfo destacado de los 50 españoles, con una gran labor en teatro (El casamiento engañoso de Gonzalo Torrente Ballester, Adèle o la margarita, de Jean Anouilh, El grillo, de Carlos Muñiz o Clerambard, de Marcel Aymé). En 1951, tras asistir como ayudante a varios directores de cine, pasaría al otro lado de la cámara.

En el cine, su desenvoltura, y sus escasos aires de galán, forzaron un primer encasillamiento en el mundo de la comedia, en la que arrancó de la mano de la genial Gracia Morales, y que se prolongaría en los años 70 con una serie de obras de esas que los actores denominan “necesarias para comer”. Obras menores, de entretenimiento, pseudo eróticas, pseudo políticas, pseudo cinematográficas, pero en las cuales el genio de López Vázquez, encontraba un huequito. Sin embargo, esas obras menores, o sus cameos o protagonismos televisivos en piezas de superficial divertimento (Javier ya no vive solo o los ladrones van a la oficina) son solo una anécdota en la obra ingente (más de 200 películas) de un actor memorable, pletórico en la critica social, la ironía política y el reflejo de la tragedia humana.
A las ordenes de la flor y nata de l cine español (José María Forqué, Pedro Lazaga, Carlos Saura, Jaime de Armiñán, Pedro Olea, Antonio Mercero, Manuel Gutiérrez Aragón, Mario Camus, Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga) el actor rodó piezas de oro de la cultura española, como reflejaba hoy El País, parte ya del patrimonio nacional. Es el caso de Plácido (una critica a la humillante caridad de la sociedad franquista), La gran familia (una deliciosa comedia costumbrista), El verdugo, Peppermint Frappé, Atraco a las tres, La prima Angélica o la trilogía de Patrimonio nacional.
La cima de su carrera, en el reconocimiento de su magisterio interpretativo llegaría justo en uno de los peores momentos, en calidad, del cine nacional. Los años setenta verían nacer La cabina, de Antonio Mercero, un desasosegante medio metraje que obtendría un Emmy en 1973, un hito para el cine español, o la genial “Viajes con mi tía”, una de las últimas obras George Cukor (1972), hoy injustamente olvidada, y que estuvo a punto de facilitar su salida camino de Hollywood. Pero España era su casa, y los de aquí lo suyos.
Premio Ricardo Calvo (1982), Espectador y Crítica (1982), Medalla de Oro al Mérito en la Bellas Artes, Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, Goya de honor, Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert …. Su obra, en forma de bocetos, diseños, carteles y figurines es visible en el Museo del Teatro nacional de Almagro. Un reconocimiento en vida de quien se sabia querido, porque era admirado.
De sus amores, sus hijos y sus enfermedades, no hablamos, porque los dioses lo las tienen, y en el cielo no se sufre. Esta tarde, mientras otros tienen el honor de decirle adiós, como a otros grandes, en las tablas del María Guerrero, yo me sentaré frente a uno de mis tesoros, una vieja copia en video de La Colmena, que me permitirá recordar en él a mi lejana y querida España.
Pronto, espero, otro José Luis, a buen seguro nos enseñará en su mundo de cine la magia de este cómico. Hasta entonces, da recuerdos en el cielo, que ya oigo los aplausos que te acogen.

sábado 24 de octubre de 2009

Vaticano, entre el poder y la verdad


No han sido pocos los que en estas últimas semanas han mostrado su indignación contra el contenido de la última película de Alejandro Amenabar, “Ágora”. La actitud crítica ha procedido de sectores conservadores de la iglesia, y de seglares que, incluso de buena fe, suelen mostrar una escasa capacidad de enmienda y aceptación de crítica. En esas estábamos cuando hace una semana, una amable lectora de Madrid escribió a la redacción de eolapaz.com para mostrar su indignación sobre uno de mis artículos, aquel en el que en los prolegómenos de un texto que criticaba a quienes se arrogan poderes sin permiso de nadie, véase el comité olímpico, yo hacia una mención, al entender de esta señora cruel, hacia San Cirilo, a la sazón la mente ejecutora de Hypatia de Alejandría, la heroína de Amenabar.
No puedo por menos que entender dramático que quienes basamos nuestra vida en alcanzar un reino más allá de las nubes, seamos tan terrenales, y que quienes profesamos defender al prójimo a través del amor antepongamos la fidelidad al poder que a los que precisan el servicio de este. Y es que solo así se entiende que muchos cristianos consideren prioritario el buen nombre del papa, o cualquier otra jerarquía, a fin de cuentas un mero instrumento divino, antes que la verdad y, a través de esta, la corrección de nuestros actos, no siempre muy cristianos.
Al hilo de esto, una noticia, de esas de página 30 en España, me ha llamado la atención estos días. La descubrí mediante las páginas de un diario uruguayo, ejemplo de una sociedad donde el mensaje de Cristo se considera más importante que los mensajeros. La noticia tiene como protagonista a Dino Boffo, un conocido periodista italiano, director del diario Avvenire, periódico de gran predicamento en Italia, y que pertenece a la conferencia episcopal de ese país, que de momento dirige el cardenal Angelo Bagnasco.
De sobra son conocidas las andanzas del primer ministro Berlusconi, más aun su tendencia al abuso de poder, la manipulación de la conciencia social, la monopolización de los medios de comunicación de masas y la actuación según patrones morales poco acordes con la moral natural y el respeto a la dignidad humana. Boffo debió considerar que los comportamientos del primer ministro italiano chocaban de lleno con el mensaje evangélico y la proverbial vocación de la iglesia de traer el reino de Dios a la tierra. La critica del medio que dirigía resulta comedida en las formas, pero certera y demoledora, hasta tal punto que la presión vaticana acabo forzando la dimisión del periodista y, lo que es más importante, un cambio significativo en la línea editorial del diario, ahora más apolítico.
La explicación vaticana del hecho, ante las crecientes criticas hacia la medida y lo que supone de triunfante criterio de mirar hacia otro lado, en los evidentes excesos del primer ministro, ha resultado peregrina e inquietante.
Inquietante por que la dimisión forzada de Boffo cuestiona cual es, al menos para la iglesia, la utilidad moral de la información, al tiempo que desvela una profunda grieta entre los diversos sectores del gobierno de la Iglesia. Boffo no parecía haber contado hasta ahora con ninguna limitación de la conferencia episcopal vaticana, antes bien, los obispos de ese país ya habían dejado ver, incluso fuera de las páginas del diario, una postura beligerante contra Berlusconi y sus excesos políticos y sexuales, sangrantes en un mandatario que emplea como activo electoral su militancia católica.
La quiebra de la confianza puesta en él no vino pues de ahí, sino del poderoso cardenal Bertone, el secretario de estado de Benedicto, empeñado en imponer una política liberticida del clero, bajo el manto de una doctrina no intervencionista en los poderes del estado, al tiempo que busca, desde hace tiempo, cercenar el poder de las conferencias episcopales, los “pequeños vaticanos” como el los llama, para aumentar el poder monárquico del inquilino de la silla de Pedro. Boffo reunía los dos pecados. Beligerante con el poder, y pluma armada de los obispos.
El ataque a las iglesias nacionales, salvo que su enemigo sea un gobierno de izquierdas, como en España, arranco con el “informe sobre la fe”, un documento muy conservador firmado por Vittorio Messori, que argumenta teológicamente la obediencia debida y nula autonomía que deben tener las asambleas episcopales nacionales. Tras ello, la remoción de sus cargos de destacados colaboradores de Wojtila o de clérigos críticos con el poder, han abierto la veda en el Vaticano, a una verdadera cacería de la verdad.
El actual Papa ha defendido esta actitud neutral de la iglesia como una muestra más de que la comunidad católica no ambiciona poder, ni pretende obtener réditos políticos, pues esto, como Benedicto denuncio recientemente en Brasil, puede conducir a la secularización de la iglesia. Lo cierto es que varias décadas después del Vaticano II, la apertura de la iglesia sigue paralizada, y la vocación de defensa de los pobres y los desfavorecidos ha quedado tan solo en una actitud individual de algunos religiosos, mientras otros dedican su tiempo a coquetear con el poder, sepultar la verdad social bajo el rito y la liturgia y construir con mimo su carrera y la de sus adláteres y consentidores.
Ya sabemos que la iglesia, como institución no debe aspirar al gobierno, ni jugar a las reglas del poder temporal. Tan cierto como que la Iglesia no puede faltar a la verdad, ni dar la espalda al evangelio, y mucho menos a los que sufren. A veces llamar a alguien ladrón o sirvenguenza es un insulto, en luchas otras no hacerlo es faltar a la verdad, mentir.
La iglesia no es de Ratzinger, ni de Berlusconi. No es de Marx, ni de Wojtila, es de Dios, y por ello su único fin debe ser extender sus mandatos, aunque eso incomode al poder.
Y es que Ágora no es una ficción, aunque es cierto que miente en algo, no son los cristianos los que matan la verdad, son los poderosos, vistan o no de púrpura.

viernes 9 de octubre de 2009

eolapaz, y quizá una despedida


Sin duda, el envejecimiento, la soledad y la muerte son parte de la naturaleza de las cosas, y de los hombres. Y sus obras no escapan a esa regla, y eolapaz tampoco.
No se muy bien como llegue hasta aquí. Era 2005, me encontraba en mi último curso de carrera y una de las asignaturas de comunicación me exigía hacer una práctica, que yo decidí que fuera en nuevos medios de comunicación. Tras otear entre las plataformas existentes descubrí, casi por casualidad, una experiencia educativa diferente. Un profesor de Cantabria estaba poniendo en marcha una web educativa que combinaba materiales de estudio, con una revista digital. Lo más exótico era que en este caso no se producía la situación habitual, ya de por si novedosa, de que el docente creara un medio digital para sus alumnos, capaz de ser usado en clase. Los alumnos, bajo su batuta claro, creaban ese medio. La revista que entonces se abría paso recogía artículos de actualidad, apuntes y materiales que elaboraban sus alumnos, y que luego se publicaban en la web para que todos pudieran usarlos, opinar o, perdiendo el miedo, seguir sus pasos, y una tutoría cooperativa en la que muchos ayudaban al resto a través de la red. Con todo, la novedad no acababa ahí. Siendo la web de un colegio, a fin de cuentas, eran habituales, yo diría que señeras, las colaboraciones de alumnos y jóvenes de otros centros. Pronto, con mucha ilusión, y pocos medios, se fue creando una comunidad digital, de gentes anónimas, que solidificó el proyecto, lo extendió y alcanzó un cierto reconocimiento.
Han pasado los años, han llegado algunos premios y, reconozco, muchas satisfacciones. Aunque sin poner rostro, ni recibir el cariño que desprende una mirada, he conocido, en la distancia de un cable de cobre, chicos y chicas maravillosos. Pero la historia, decía Víctor Hugo, es el refugio de lo que pudo ser un fracaso, y rehúso serlo. O lo que es lo mismo, saber retirarse es un don, propicio para mantener la dignidad.
Muchos de los objetivos que se pretendían se han alcanzado, de hecho no es infrecuente recibir comunicados de docentes españoles o americanos que nos piden que contemos nuestra experiencia, en aras de usarla como base a otras, distintas, pero próximas en sus intenciones. Y esa llegada a la meta debe hacernos reflexionar.
Eolapaz ha alcanzado una complejidad que supera las capacidades de quienes lo hemos hasta ahora mantenido, y a los que los años y las obligaciones, familiares o universitarias, nos limitan. Solo la última semana la estadística revela 43.802 visitas a los seis site principales, sin contar blog, que forman el proyecto. Fueron visitados 1013 artículos, subimos 198 nuevos, en varios formatos y debimos realizar 211 actualizaciones, revisiones o correcciones. Se recibieron o corrigieron 86 colaboraciones y fuimos enlazados, por primera vez por 12 sites. Cifras que en una web comercial normal son modestas, pero que para nosotros resulta desbordante.
Con todo, el camino abierto es una satisfacción. Algunos centros que se adhirieron a esta iniciativa en aquellos años hoy disponen de webs propias, tienen redacciones propias e intranets técnicamente poderosas que nos convierten en innecesarios en ese cometido. Algunos de los chicos y chicas que formaron o colaboraron en los comienzos de eolapaz, han creado sus propios espacios, con éxito, y con mucha calidad. Jose Luís, Pablo, Ivan, Álvaro, Laura, Zina, Nando, Mario, o yo misma, hemos aumentado la galaxia eolapaz, al tiempo que vaciábamos la necesidad de esta plataforma. Aun más, muchos de los jóvenes que en los últimos años han sido el alma de eolapaz terminan este año sus estudios, y la diáspora universitaria, y las nuevas exigencias de sus vidas, les alejaran del proyecto, especialmente a los compañeros de Torrelavega, Fuenlabrada y Gijón, los más activos. Es ley de vida.
Mantener un proyecto de este tipo tiene, al tiempo, sus esclavitudes, y sus miserias. No ha sido excepcional el toparnos con gente maravillosa, con ciudadanos que se han asomado a estas páginas y nos han ayudado. También con incomprensiones destacadas. Algunos medios comerciales nos han dado “leña”, siendo vulgares, con pocas contemplaciones, y con pocas, para mí al menos, razones. Son ataques limitados, pero crueles y dolorosos, por cuanto se basan en un actitud poco generosa, en estos tiempos en que tan necesario es ofrecer espacios de educación y ocio para jóvenes. Una lacónica carta me explicaba desde Torrelavega este verano, la soledad de la redacción de esa ciudad donde todo nació, en un acto público en el que un grupo de empresarios pretendían homenajear a estos chicos, y a los que, al parecer, no acompañaron ni sus padres, en muchos casos.
Al principio, nuestra pequeñez nos hizo invulnerables. Hoy eolapaz es más grande, y su trabajo es más delicado por más difundido. Fotos de jóvenes que obligan a largos y tediosos procesos administrativos para no violar la ley del menor, derechos de autor, entrevistados que de pronto piden la retirada de un artículo porque no esperaban tanta difusión. Hechos banales para un medio profesional, pero a veces montañas escarpadas para quienes solo ambicionan leer, escribir y pensar.
No escribo hoy sobre eolapaz con nostalgia, con tristeza o con distancia. Lo hago sobre jóvenes. Sobre chicos y chicas ilusionados que un día quisieron, como rezaba el lema de nuestro coordinador, contar el mundo que veían sus ojos.
Como decía Alberto la semana pasada en Copenhague, no hay que confundir rendirse con plantear otros objetivos. No es que eolapaz deba morir, o quizá si, pero si que proyectos como este carecen ya de sentido, al menos en sus formas actuales. Y es así no solo en una experiencia colectiva y educativa como esta, sino en gran parte de la web. Blogs que cierran, periódicos que cobran por contenidos, compras y absorciones que eliminan a medios pequeños e independientes, leyes que cierran el campo a blogs y aplicaciones de uso libre…
No somos los primeros en morir, ni seremos los últimos. Tan solo ocurre que aquella frase famosa de “contar el mundo desde lo que ven sus ojos” ha perdido ya parte de su sentido. Porque no hay nada que contar, o porque no merece la pena abrir lo ojos.

domingo 4 de octubre de 2009

Olímpicos, o no límpicos


Como suele ocurrir cada cierto tiempo, Amenábar estrena película. Seguro que brillante, pues otro resultado es difícil en una mente tan privilegiada como la suya. En cualquier caso el éxito esta asegurado tras una campaña de marketing gratuito colosal, tanto como los decorados alzados en Malta para que hasta el aire oliese a antiguo. Teniendo en cuenta la cantidad de genios a quien nadie hace caso, y que hasta la radio pública le ha dedicado espacios y programas promocionales, algo de mangoneo y agravio si que hay.
Saliéndonos del cine, resulta indignante comprobar que su valor, el de un producto, no lo olvidemos, comercial, esta fijado al margen del público. Entendidos, sabios y augures ya han pronosticado su triunfo, han desgranado sus valores y han obtenido sus conclusiones. Perdón, las conclusiones, aquellas que los demás mortales debemos obtener, alardear en charlas y seguir en conductas.
Contaba ayer en ABC Luís Alberto Cuenca, no se si con ironía, que el culpable de lo que la película narra (unos pérfidos cristianos masacrando el libre pensamiento, y encima en forma de mujer) fue San Cirilo, que tras mandar a mejor vida a los seguidores del culto de Isis, trunco la vida de Hepatia, y tras ella la de los priscilanos. Ateos, gnósticos o sincréticos, todos los citados en la película eran distintos, de ahí su martirio a manos del pensamiento único que representaban los cristianos. Eran heterodoxos, en letras de Menendez Pelayo. Esa es la lectura de la intelectualidad gubernamental española. Una lectura impensable aquí, en Montevideo, y que como escribe hoy Reynaldo Fuentes en La Nación se reduce, la película, a algo más simple, un tugurio. Y es que ante tanto credo, adivinación de estrellas y debate metafísico, caben dos preguntas muy simples. ¿Quién dio a San Cirilo vela en este entierro?. ¿Dónde estaba Constantino, el emperador romano de la época?.
Sin respuesta, salvo que esas situaciones no son solo propias de una película de peplum, ni se albergan solo bajo las estrellas de la antigüedad. Son cotidianas, hoy como ayer.
En realidad, estos sublimes narradores de cuentos, que son los Amenábar de cada época, no se fijan en el pasado, sino en lo que les rodea. Realmente Alejandro cuenta la historia de Hepatia, o la de Cirilo?. ¿El centro de todo es la mujer que anhelaba saber y pensar, o el San Cirilo que se apropio del poder y, como hoy, gobierna, sin saber nadie porque, y con el despotismo rampante en su yelmo?.
Bernie Ecclestone, el dueño de la F1, a través de un entramado indescifrable de empresas fantasmas, abogados en las Caiman, empresas intermediarias y de capital riesgo, es solo el creador de un inmenso plan de evasión fiscal y conspiración económico – política que le ha permitido, como al Cirilo de Amenábar, pasar de ser un sencillo vendedor puerta a puerta a jefe de una escudería, la Brabham, y ahora dueño y señor de la F1, el segundo mayor negocio del mundo, que por algo le llaman el supremo al buen señor. Daria igual su apropiación de tal invento, pero es que F1 no es solo un negocio, afecta a inversiones millonarias en las ciudades en que vivimos, afecta a miles de empleos, y afecta a decisiones políticas que condicionan nuestras vidas. Sino no se entiende, por poner solo un ejemplo, la donación de un millón de libras al laborismo que Ecclestone realizó a un bisoño Tony Blair, cuando para nadie era un secreto su segura primera victoria electoral. Y, en esa influyente empresa mundial, ¿quien más toma decisiones?. Max Mosley, presidente de la FIA y compañero de correrías sexuales y trapicheos, Charlie Whiting, director de carrera y antiguo jefe de mecánicos de Brabham y Herbie Blash, otro directivo de Brabham y alto cargo hoy de la FIA.
Y nadie les ha elegido, pero sus decisiones (perpetuas a tenor del contrato actual de explotación, que Ecclestone ha conseguido que sea por 100 años), nos afectan. Que se lo digan a Francisco Camps, el presidente del PP amante de los trajes, al que Bernie hizo un favor impagable cuando anuncio que si Camps no ganaba las elecciones de 2007, la F1 se iría de Valencia, y con ella muchos millones. Claro todo con la ayuda y consejo de su socio Alejandro Agag, yerno de Aznar.
Claro, los regimenes autoritarios no se caracterizan por ser exquisitos en el trato, sino vengativos, abrasivos e intrigantes. Un ejemplo de ello es el olimpismo. Y que conste que no escribo desde la amargura ni el despecho. Pero hay cosas que caen por su propio peso. El Comité Olímpico Internacional nada tiene que ver con los Dienicos griegos que preservaban el fuego sagrado e instaban a partes en conflicto a la sagrada paz, buscando inyectar, lentamente en cada vena griega, el virus de la convivencia. Hoy el olimpismo moderno solo es una gigantesca empresa de organización de eventos, a mayor gloria de la humanidad, que así se lava la cara y oculta sus miserias. Un mes cada cuatro años el mundo se detiene preso de una lagrimita, ante el desfile festivo de su atletas, los otros 47 meses, a veces más, puedes hacer la mayor de las tropelias, sin que pase nada. No hay más que recordar Pekín, la ciudad de los juegos más hipócritas de la historia.
Gobiernos, intelectuales, sindicalistas y gentes de bien, no solo se han plegado al juego de esta cohorte de comedores, sino que les defienden, apadrinan, protegen, alaban y rinden pleitesía. Ante ellos ruegan, lloran y suplican, desde genios de la ciencia hasta Obama, pasando por nuestro rey. Y es que, ¿Qué seria del pobre Alberto de Mónaco, sin la patina olímpica?. Pues tendría la misma categoría y consideración que el director de Port Aventura. Al fin, su país no es más que un parque temático para ricos.
Sin embargo, hemos de ser justos. El olimpismo no existe, los miembros de su comité solo lo son de un club privado que ha caído en gracia, como Ecclestone, y que se sostienen en nuestra necesidad de enmascarar lo miserable que es la raza humana, haciendo de vez en cuando una ofrenda a los dioses.
Pero nosotros ya lo sabíamos. Por mucho que ahora se diga que el presidente del COI animó y dio esperanzas a la candidatura española, ya lo sabíamos. Ya sabíamos que el voto es dirigido, que hay rotación de continentes, que tras las decisiones hay muchos intereses ocultos de tipo económico y político, a veces de tipo personal, que algunos miembros han robado tanto, que hasta sus compañeros les han sancionado, o que el gobierno, como de costumbre, anda a por uvas, como en el tema de las leyes anti dopaje. Así y todo, Alberto se empeño, sus adlateres le animaron a caminar por la orilla del desastre y mandamos dos aviones cargados de gente ingenua y vividores profesionales a defender un imposible, inculcando, ya de paso, una gran desilusión en un pueblo ya muy cansado de esta ralea de chupa sangres que nos desgobiernan.
Para los que vivimos tan lejos de España resultó emocionante ver a Mónica Figar Goghen, una niña de doce años, emotiva, segura y limpia, como un presagio del futuro de nuestro país. Resultó triste ver al rey y a Samaranch suplicar a ese grupo de magnates olímpicos, no elegidos por nadie, por unos juegos, poniendo como razón su edad, sus nietos o el hecho de que ellos también ayudaron en su día a esta pantomima, como quien pide, ruega, la devolución de un favor. Resultó indignante contar las ausencias de quienes nos sangran, y no aparecen ni cuando, rara vez, hacen falta, caso del duque de Palma, muy olímpico él, que prefirió seguir regodeado en su lujo wasintoniano, bien protegido por los guardaespaldas que pagamos todos, dieta y desplazamiento incluido, para que el señor se evada del paro español.
Las críticas posteriores han sobrado. El estilo nunca se debe perder, sobre todo cuando ello puede acarrear entrar en la lista negra de esa gente. Ahora toca olvidar y hacer recuento de quien y porque se metió la pata al meternos en esta aventura. Lo siento por las gentes limpias cuyo sueño murió en Dinamarca. Lo siento por Alberto, un hombre al que admiro. Lo siento por Madrid, porque solo allí fui feliz.

viernes 25 de septiembre de 2009

De luto riguroso

El admirado líder de la izquierda anti americana europea, José Luís Rodríguez Zapatero, anda de gira por Estados Unidos, como cualquier joven artista que peregrina entre bambalinas y cajas de atrezzo, buscando acomodo en una compañía que aprecie su virtus e ingenio. Todo parece indicar que el presidente ha alcanzado en este periplo por onus y geveintes esa añorada, por él, situación en la que, pergeñado de aura, puede posar junto al símbolo de poder que admira, como quien al final, y tras muchos plazos, consigue esa foto en disneyland que le ata, junto a Micky Mouse, a sus sueños de infancia. Lo malo es que la imagen resultante de ese anhelo, ha sido aterradora.
La prensa española ha discutido, versado e ironizado sobre la famosa foto, por mor de la presencia de las hijas del líder en tamaño documento gráfico. Un documento en el que no destaca el goticismo de las niñas, o el hecho de que estas sean menores, si no el luto riguroso de la familia presidencial. No sabría decir si la escena es resultado de una búsqueda de armonía cromática con la dermis del dirigente americano, si es una manera de diluir las tendencias estéticas de las vastagas del presidente, o una manifestación teatral de la situación de España. El caso es que el resultado haría soltar lagrimones a Garcia Lorca, por no haber intuido tan emotiva imagen para su Bernarda Alba.
Pero José Luís es así, la encarnación viva de la contradicción. Su espíritu Shakesperiano, a medio camino entre el fatalismo de Borges, al que tanto admira y el histrionismo trasalpino, al que tan poco hace frente, le impide aclarase, esta visto que ni la ropa.
Es lícito, como dice de la Vega que un padre opte por no exponer a sus hijos, menores al fin, a la inquisidora mirada pública, bien sea por recato o por vergüenza ajena. Pero ante eso hay una medicina obvia, no hacerles foto. Cuando un funcionario publico esta en acto de servicio, y se encuentra en un evento oficial con otro mandatario, no cabe mezclar lo privado. Y es que nada pintan esas niñas en ese encuentro, que con las vacaciones que se ha pegado el señor, eternamente cansado y reposando en Moncloa, no creo que le echen tanto en falta. Si su presencia responde a un intento de humanizar al personaje, mostrando su faceta familiar y de buen padre, no cabe sino airear la foto. Y si la presencia de las infantas responde a un arrebato de completar con un cromo irrepetible el álbum familiar, no cabe hacerlo a costa del erario público.
El inquisitivo y mordaz Santi González contaba en su blog que Zapatero, fiel a su personalidad errática, lo mismo alude a sus niñas, diciendo en los mítines las intimidades de sus conversaciones con ellas (como cuando contó la manera en que sus hijas describían a la oposición "¿Verdad, papá, que los de izquierdas somos los que nos preocupamos por los demás, mientras los de derechas sólo se preocupan por ellos?"), que monta en cólera contra 10 minutos por sacar a sus hijas en barco (año primero de la era zp).
En todo caso, la enfermiza falta de meditación de sus actos, por parte del presidente, es lo relevante del caso. La foto no. Si no nos escandalizamos por una mueca a destiempo, un diputado bostezando, o una mujer sobre el asfalto, tras el asalto del bestia de su pareja, no se porque tanto escándalo por dos góticas en la Casa Blanca. El respeto a la libertad de usos y costumbres debería estar mas arraigada, sobre todo entre los que estos días se mofan de la situación. El buen gusto y el protocolo también deberían ser más habituales entre los funcionarios públicos y sus familias, que ir a la casa blanca no exige el mismo ropaje que ir de halloween. Pero en todo caso la coherencia, en nuestros gobernantes, debería ser más habitual. Tan pronto apelamos a la defensa del menor, como los llevamos de gira al corazón del malvado imperio americano. Tan pronto nos sentamos en un desfile, ante la enseña de las barras y estrellas, que nos travestimos de Kennedy para proclamar que debemos preguntarnos que podemos hacer por Obama.
Con todo, España necesita menos luto, menos verbo y menos choteo. Que por ser del geveinte y salir en una foto, nuestros parados no comen mejor.

domingo 13 de septiembre de 2009

La igualdad según Berlusconi


El gobierno de España ha estado esta semana haciendo un bolo en Italia, motivo por el que media cohorte de Zapatero ha hecho de palmero ante las ocurrencias de Berlusconi.
Resulta curiosa la relación de condescendencia que el actual gobierno español mantiene con el primer ministro italiano. Máxime si observamos los rasgos de uno y otro.
Si algo ha caracterizado la política socialista en estos últimos cinco años ha sido una declarada y romántica vocación social que ha permitido iniciar avances importantes en la legislación española como las leyes de dependencia y matrimonio homosexual, intenciones plausibles, aunque no consumadas, como la laicidad del estado, la memoria histórica o las políticas de inmigración, y cruzadas románticas como la alianza de civilizaciones o los guiños antibelicistas que han teñido nuestras retiradas.

Pero si algo también, nos han dejado claro estos años es que el motor que mueve a nuestro gobierno es el efectismo y la ingenuidad. La política es el arte de lo posible, razonaban en las antiguas polis griegas. Amar ideales y perseguir su consecución es loable. Pero los sueños deben ser sólidos, su búsqueda debe ser constante, el calculo de su precio permanente, y el compromiso con quienes confían en que somos sinceros al perseguirlos, inquebrantable.
Si hay un país atípico en la Unión Europea, es Italia. La cuna de nuestra civilización es hoy un país deshilachado e incoherente. Una potencia económica y cultural presa de graves injusticias sociales, desequilibrios territoriales y ausencia de ética colectiva. Porque solo esa ausencia nos puede hacer entender que una nación culta y noble elija reiteradamente y permita el uso del poder a un gobierno multipartito que manifiesta sin ambages la prevalencia del hombre sobre la mujer en la política, que permita el libre transito y actuación de grupos paramilitares que actúan como si fueran policias, que permita la despiadada persecución de gitanos y emigrantes, que permita la corrupción política institucionalizada y que permita y ría las actuaciones de un primer ministro que despacha asuntos de estado y contratos entre copas, cocaína y prostitutas pagadas sabe Dios con que dinero.

Quizá sea cuestionable, en aras de la protección de nuestros intereses nacionales, que España se convierta en la conciencia de Italia y encabece una cruzada contra Berlusconi (que cosas más raras hemos visto en Zapatero). Pero de ahí a reír las gracias y dar cobertura hay un mundo. Y lo digo porque como mujer, y como española, me siento humillada por el lacerante espectáculo del que nuestro gobierno ha sido participe esta semana en Italia. Formadas en fila, nuestras ministras asistieron a las burdas gracias del ministro italiano, que lejos de bajar la cabeza y pedir disculpas por agravios pasados hacia las mujeres españolas, representadas en sus ministras, insistió ante ellas en sus comentarios despectivos y machistas. Más aun, consiguió una jugosa visita del primer ministro español a su casa privada de Cerdeña, que le ha permitido airear la complicidad española en sus aventuras sexuales y comerciales y usar a Zapatero, el símbolo de la izquierda romántica europea como trofeo ante la oposición Italiana. Ahora ya se puede decir sin pudor que Villa Certosa es un lugar noble, no un prostíbulo, pues hasta los más ardientes defensores de la igualdad y los derechos pisan su moqueta, desmontando las criticas vertidas sobre ese antro y lo que representa.

Hubiera sido tan fácil como decir no, amable y diplomáticamente, pero no. Argumentar problemas de agenda o cualquier otra memez para evitar el escarnio de ver al jefe de Bibiana Aido pisando la moqueta sobre la que un sátrapa cierra negocios regalando carne fresca de mujer. Hubiera sido tan fácil como poner gesto adusto en la recepción inicial de la cumbre, en lugar de sonrisas ilusionadas, como pusieron Chacon y Salgado, y caras de interés, como mostró Blanco, por mucho que ahora defienda su dignidad la vicepresidenta.
Pero claro, el efectismo es lo primero. Zapatero precisaba de un golpe audaz ante la opinión española, en vísperas del desastre económico que se nos venia encima. La salida era presentar al país que somos miembros del G8, una supuesta prueba de que contamos en el panorama internacional. Berlusconi amplio la reunión a 40, y metió a España por la puerta de atrás. Ahora, España contribuye con 50 millones de euros a la reconstrucción de L´Aquila tras el terremoto que sufrió el pasado año, cuando los demás socios europeos apenas contribuyen con dos. Ahora España se supedita al mando italiano en operaciones internacionales como la afgana, sin presentar candidatos. Ahora España presta apoyo moral al maltrecho Berlusconi. De todo valor carece una política plagada de gestos como ministerios de igualdad y leyes de ejecución imposible, si esa actuación carece de una ética y una estética que muestre a la ciudadanía la convicción de las acciones tomadas. Porque, y a la luz de las mujeres maltratadas en España, y vejadas en Italia, ¿que igualdad defendemos?.

lunes 7 de septiembre de 2009

Ese objeto de deseo


Seguro que alguna sonrisa se escapa a quien vea la foto. Seguro que un gesto de admiración, por tan sagaz y libidinosa inspiración, se le escapa a más de uno. Seguro que pocos o nadie se percatan de la crueldad que esconde esta extravagancia.
La foto se corresponde con una de las últimas ocurrencias de Brett Taylor, Mark Perriam y Cam Marsh, tres diseñadores cool de la muerte que han pensado que esta era la manera más fashion de “decorar” los baños del mega lujoso restaurante del hotel Sofitel de Queenstown en Nueva Zelanda. Un discreto y elegante hotel de nueva onda, de los de desde 500 $ la noche. Lo bueno es que el concepto (un grupo de mujeres admirando el miembro urinario de los gentiles huéspedes) ha causado tal furor que a este trío se le rifan en Estados Unidos, Hong Kong, Dubai y demás sitios pensados para desperdiciar la riqueza que a otros falta. Un pequeño viajecito de vacaciones o una ronda por internet son suficientes para comprobar como el ingenio ha llegado a los baños públicos, en los que últimamente se derrocha fantasía. Un ejemplo es visible en el bar gay Brighton, en Gran Bretaña, donde los usuarios se topan al llegar a tan aliviado lugar con recipientes que toman la forma de los morritos de Mike Jagger. Es discutible, aunque hacer las necesidades en la boca de los Rolling debe ser lo más. Lastima que a estos graciosos neozelandeses no se les haya ocurrido volcar su pericia en el baño de señoras. Pero claro, eso seria lacerante para el viril espíritu masculino.
Ya se que las mujeres, sobre todo algunas, hemos tomado merecida fama de susceptibles, pero iniciativas como la de la foto contribuyen, aunque sea de forma inconsciente, a la cosificación de la mujer, y la sexualización de la vida social. Nada malo eso del sexo, sino fuera porque se ha convertido en un juego entre poseedor y poseída, más allá de las seculares tradiciones de prostíbulo que el Rabal barcelones nos muestra en estos días.
Me sorprendió cuando leí la noticia la actitud de las modelos de la agencia Ican que prestaron su cuerpo a tamaña tropelía, estaban divertidas y entusiasmadas con la iniciativa. Tanto como las participantes en la ventidos edición de Striscia La Notizia, un veterano programa de canal 5 Italia, especializado en mostrar a mujeres, sin necesidad aparente, decoradas y ornamentadas a mayor gusto del hombre que las admire, como se envuelve un pastel antes de ser comido. Tampoco hace falta irse tan lejos. Ciertas cadenas de moda y perfumería, incluidas las franquicias de grandes marcas, sofistican a sus empleadas hasta extremos de maquillaje y vestimenta que te hacen dudar si son empleadas o meretrices, si vas a comprar un bolso, o adentrarte en un lupanar. Y es que el deseo cautiva, incita, altera el raciocinio y favorece que te endosen cualquier artículo. Pero a la vez cala en la mentalidad colectiva creando pautas de conducta ante la mujer, siendo difícil luego tomar conciencia que al traspasar el quicio de la tienda, la mujer vuelve a ser real, un humano como tu, un ser independiente, no un mero objeto de deseo o el hoyo de un campo de golf.
El tema no es baladí en un país en el que mueren cada año decenas de mujeres a manos de sus compañeros o (creen ellos) poseedores. En un país con miles de denuncias anuales por acoso, maltrato o abuso. En un país donde muchas mujeres sufren una posición desigual en el seno de sus familias, dado que sus maridos no se han leído el código civil y eso de la igualdad, racionándolas el dinero y el tiempo de asueto, no así las tortas y las humillaciones. En un país donde jóvenes como Marta o Laura mueren en una cuneta a manos de quien cree que son suyas.
No es desatinado recordad aquí el amplio trabajo de Irene García Reyes, “La mujer, sujeto y objeto de la publicidad en televisión”, en el que demostraba que la mujer se ha convertido (como en los baños del sofitel) en una fuente de cualidades publicitarias (belleza, elegancia, exotismo, sensualidad, maternidad, sensibilidad, etc.), vitales para convencer al hombre, y establecer metas en la mujer consumidora. El problema, como señalaba en 2007 la American Paychological Association (APA) en su “APA Task Force on the Sexualization of Girls", es que la aparición constante en los medios de masas de imágenes de mujeres jóvenes tratadas como objetos sexuales (lo que llamamos sexualización), es la fuente innegable y directa de graves perturbaciones personales, como la bulimia o la drunkorexia y sociales, como la llamada violencia de género.
Los es porque reducimos los valores de la mujer a su atractivo o a su conducta sexual, excluyendo otros elementos de su personalidad que si se tienen en cuenta en lo masculino. Estamos contribuyendo a presentar a la mujer como un objeto sexual, como una "cosa" lista para su uso sexual, en la que no cabe la posibilidad de contemplar a un igual capaz de tomar decisiones y llevar a cabo una vida independiente.
Tomamos a broma actitudes que favorecen la aparición en nuestras sociedades de estándares que uniforman a las mujeres en un cierto modelo físico, atrayente, sugestivo y sexy, creando, incluso, exigencias subliminales a las jóvenes, en el terreno de la cirugía estética o la cosmética, para así adaptar sus cuerpos a las exigencias que las harán triunfar, entendiendo como triunfo no la obtención de la felicidad al alcanzar una unión entre iguales, sino por ser sumisa, aceptada por un hombre al que complacer, para lo que tu cuerpo debe adaptarse. O te tuneas, o no sirves.
Y estas actitudes sociales no son generales, hemos de entenderlo. La imposición de la sexualidad como elemento supremo de la personalidad o el valor de una persona afecta predominantemente a las mujeres, por mucho que pensemos que la sociedad actual sexualiza todo.
En palabras de Eileen L. Zurbriggen, profesora de Psicología de la Universidad de California, este reduccionismo sexual que se esta ejerciendo, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, sobre la mujer, provoca en adolescentes y jóvenes graves deterioros en la capacidad de concentración, en la confianza, en la autoestima, en la aceptación del propio cuerpo, desarrollando conductas de riesgo sobre la salud, en el desarrollo de roles sexuales saludables y en la capacidad de interacción social. Toda una carga de profundidad contra los cimientos de una sociedad igualitaria.
Y es que no son solo talibanes los que llevan turbante, ni burkas los que se fabrican en tela.

sábado 20 de junio de 2009

Más sangre inocente

Ante tamaña locura, solo puedo callar, mostrar mi solidaridad y afecto con la familia de D. Eduardo Puelles y hacer mias las palabras de mi lehendakari, que son las que sentimos como propias la inmensa mayoria de los vascos

Arratsalde on guztioi eta mila esker etortzeagatik:
Heldu da berriz egun iluna.
Entzun dugu bonbaren zarata.
Euskaldun hiltzaileak hil digu hiritarra.
Eduardo Antonio Puelles hil dute guztiok makurtu nahian.
¡Zein garesti egiten zaigun askatasunaren bidea!
Baina ez dute irabaziko.
Ez dakite ez garela berdinak,
Guk hiltzailerik ez dugula onartzen. Eurak baino hobeak garela.
Hor datza gure indarra.
Eta euren ahulezia.
Negar gazia daukagu aurpegian,
Minak apurtzen digu bihotza,
Baina askatasunaren eskuek biltzen gaituzte,
Guztion indarrak batzeko
Ahotsak elkartzeko,
Guztiok batera "ETA ez" esateko.


EDUARDO ANTONIO PUELLES GARCIA, ciudadano asesinado por defender la libertad de los vascos, era uno de los nuestros.
Gracias a él y a otros muchos como él, gracias a los miembros de la Ertzaintza, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, los vascos y las vascas vamos arrancando, trozo a trozo, con desgarro y sufrimiento, la mordaza de nuestra libertad.
Por eso quiero proclamar bien alto que todos los que arriesgan su vida para defender nuestros derechos y libertades son de los nuestros.
Que todas las víctimas del terrorismo, los políticos amenazados, los jueces amenazados, los empresarios amenazados, los periodistas amenazados, los profesores amenazados,.... son de los nuestros porque somos nosotros.
Nosotros, los que queremos vivir en Paz y en Libertad. Nosotros, los que queremos una Euskadi sin ETA y sin violencia. La tierra de la tolerancia y la convivencia.
Y hoy hemos vuelto a salir a la calle, hemos vuelto a alzar la voz para decir a Francisca, a Rubén, a Asier y a toda la familia de Eduardo que no están solos.
Que tienen todo el cariño y la cercanía de la inmensa mayoría de la sociedad vasca. Que sabemos que Eduardo arriesgaba su vida, todos los días, para garantizar la nuestra y que le vamos a estar eternamente agradecidos y no se nos va a olvidar nunca.
Hemos salido a la calle, apretando los dientes, para hacer frente a ETA y para decir que estamos dispuestos a derrotar al terrorismo. Que asumimos nuestra responsabilidad colectiva como sociedad y como país, nuestro deber moral y democrático, porque queremos ser libres, y vamos a defender lo que ETA más ataca: nuestro pluralismo y nuestra diversidad; vamos a defender el
derecho a pensar y a sentirse diferente; vamos a defender nuestras instituciones y nuestra democracia. Vamos a estar al lado de las víctimas y de los amenazados.
Y lo vamos a hacer con toda la contundencia del Estado de Derecho y con toda la fuerza de la Ley. Y vamos a seguir ocupando las calles y las plazas de Euskadi porque son los espacios de los ciudadanos libres y de los demócratas. Y no les vamos a ceder ni un solo milímetro a los propagadores de la violencia, a los silencios complices, a los que quieren acabar con nuestros más elementales derechos, a los liberticidas, a los que amparan el asesinato, a las almas cargadas de odio.
Hoy denunciamos a los que falsifican las palabras, a los que pervienten la democracia, a los que cuando dicen "pueblo vasco" sólo buscan subditos atemorizados por el terror a sus amos.
Hoy asumimos nuestra propia responsabilidad colectiva como país y decimos que se acabó la impunidad, se acabó la arrogancia de quienes utilizan el argumento del amparo velado de la capucha.
Decimos que venimos diapuestos a abrir el tiempo en el que nadie tenga que ocultar que es ertzaina o policía a sus vecinos; en el que nadie tenga que callar sus opiniones por miedo; en el que nadie tenga que bajar la voz para decir lo que piensa, por temor a que le escuchen.
Hoy quiero hacer un llamamiento a la sociedad vasca, para que se ponga en pie con la dignidad de los justos. Para abrazar al que piensa diferente; para defender al que tiene otra identidad. Para preservar lo mejor de nosotros mismos: la convivencia de los distintos y la libertad de los iguales.
Para decir a ETA que ya han perdido. Que nunca van a conseguir nada, porque nunca vamos a ceder a su chantaje. Que les derrotaremos porque estamos juntos y unidos. Sin fisuras, porque para los demócratas es más importante lo que nos une que lo que nos separa. Que esté país se construirá sobre la memoria de las víctimas y no la de sus verdugos.
Que vamos a dar a nuestra ertzaintza y a nuestra policía los medios que necesiten en su lucha contra ETA, porque queremos que desaparezcan definitivamente de nuestras vidas.
Que hoy y mañana y pasado y hasta que acabemos con esta pesadilla un grito saldrá de nuestras gargantas: ETA EZ. PAKEA ETA ASKATASUNA.

El domingo pasado, en Arkaute, recogí una rosa blanca de las manos de un vasco que fue ertzaina en el año 36. La cogí para depositarla bajo la llama del pebetero que recuerda a los ertzainas asesinados por la libertad de las vascas y los vascos.
Hoy esa rosa es roja porque se ha vuelto a teñir de sangre. Pero no la voy a poner bajo ningún monumento. Hoy la lanzo al viento, lau haizetara, para que recorra nuestros pueblos y ciudades. Para que despierte las conciencias aun dormidas.
Lanzo al viento de Euskadi su nombre: EDUARDO ANTONIO PUELLES GARCIA. Asesinado por defender la libertad de Euskadi.... para que sus pétalos nos inunden a todos.

sábado 18 de abril de 2009

Cuando nos tocan los suevos

El genial Vázquez Montalbán explicaba, hace ya algunos años, que caído el Imperio Romano, y en la sucesión de invasiones bárbaras que sacudieron España, no todos tuvieron igual suerte en el reparto de invitados. De tal forma que a los gallegos les tocaron los suevos. Una suerte de bárbaros dedicados solo a destruir. Digno heredero, no por gallego, es Suso del Toro. He leído estos días un artículo sin desperdicio de tan inefable autor en las páginas digitales de la Vanguardia, en las que, como suele ser costumbre, el muchacho despacha con acidez venenosa contra todo lo que se mueve. El artículo en cuestión enciende hasta las más almidonada conciencias bajo el titulo de “España bizarra”.
Que el autor se dedique a decir simplezas y realidades deformadas con el único afán de provocar y causar sensación, una de sus escasas artes, ya no coge de susto a nadie. Que la casa de Godó entre en la senda del radicalismo dialéctico y panfletario, ya no sorprende, desde que ciu, no es ciu. Pero que en medio tan venerable, un escritor tan venéreo tache a Cervantes de grotesco, a Velázquez de pintamonas, a Cortes de matarife de cerdos y a Picaso de retratista de putas, resulta un poquito fuerte, cuando no hiriente.
Tales descripciones históricas, y varias decenas más que me ahorro, vienen a cuenta de argumentar, para el autor, el carácter de lo español, excesivo, disparatado y resultado de una comunidad que, antropológicamente hablando, rinde culto a un nacionalismo que ensalza lo adornado, lo superficial y lo tremendista, ahogando valores esenciales, tales como la democracia. Tamaño escarnio cultural es habitual entre los hijos de la Moncloa, en una carrera por redefinir nuestra comunidad política y cultural que arranco con avidez el día que José Luís Rodríguez Zapatero arribo al gobierno, y que, por otra parte, tampoco presenta ninguna contraprestación o alternativa, si no, al contrario, sirve para profundizar una crisis nacional que ya excede del ámbito financiero.
Me han recordado las palabras de Del Toro, a aquellas de Pepe Rubianes sobre España. Con menos estilo, que duda cabe, pero con igual intención de ridiculizar y de destruir, buscando el aplauso fácil y la risa vulgar.

Hay movimientos que preconizan un cambio en las relaciones políticas españolas y la reorganización del estado, desde un punto de vista constructivo. Estaremos de acuerdo o no, pero buena parte de los nacionalismos defienden la construcción de un estado multicultural y plurinacional, basado en razones y alternativas viables de cara a la convivencia y el progreso. Parte de esas propuestas, en Cataluña y en el País Vasco, se han encontrado tradicionalmente con líderes nacionalistas impresentables y obtusos, cuando no manchados de sangre. O con gobiernos centrales ciegos y cerrados en un discurso rancio, propagandista y de nacionalismo barato, pero muy rentable a nivel electoral. Una actitud de los gobiernos centrales que ha basado su pedagogía en transmitir a la ciudadanía que los nacionalistas vascos somos unos egoístas, racistas, antiespañoles y asesinos de guardias civiles. Pero yo no soy así. Ni Imaz, ni Txomin Larrauri, ni Pagazaurtundua, ni Lekinez, ni Amatino … Ni miles de nacionalistas, que vivimos pacíficamente, sufrimos la violencia en todas sus formas, pagamos nuestros impuestos, contribuimos al estado común, respetamos la ley, aportan a España su saber y su prestigio y aspiramos a ver crecer a nuestros hijos en un estado español solidario y respetuoso de todos para con todos. Sin embargo, la identificación de algunos elementos, con las ideas de otros sirve y ha servido para arrumbar un proyecto de autonomía donde esta el futuro, por basarse en razones históricas y demandas justas.
A del Toro, a Rubianes a Marga Herrera y a tantos otros empeñados en quemar banderas, denostar nuestra cultura, atacar la jefatura del estado y ridiculizar lo que nos identifica, sin embargo, se les aplaude y se les ríe la gracia. Sin reparar que estos neo suevos dinamitan mucho más nuestra convivencia.
Un caso extremo de cómo tocarnos los suevos vive en Moncloa. Y es que la verdadera Pe, no es la glamorosa actriz que irradia clase y belleza en los festivales de cine. La verdadera Penélope de nuestro tiempo se llama José Luís, dedicado a tejer y destejer el estado, sumiéndole en el caos, sin ningún Ulises que le rescate. Una Penélope que favorece la perdida de confianza del español en el estado que nos une y que fomenta las aventuras autodestructivas de radicales, republicanos y defensores del entierro del constitucionalismo, ese que tanto predican, según que provincia.
No vamos ahora a volver al tema del nuevo gobierno, del que ya se ha dicho de todo y por su orden, pero no esta de más sacar algunas conclusiones al hilo de los suevos.
Contra lo que se ha dicho, no me parece razonable defender hoy en día la desaparición de un ministerio de cultura. No se muy bien si exento o integrado en educación, pero decir que es necesario es poco. Lo es porque la promoción exterior de nuestra cultura sigue siendo una prioridad que se precisa para defender nuestra identidad en el mundo, por razones políticas y comerciales, y por que ese elemento aglutinador resulta imprescindible para proteger, en el interior, nuestros rasgos comunes frente al avance de los suevos. También es verdad que Rodríguez no ha reparado en este argumento, y que el mantenimiento de ese ministerio obedece solo a comprar favores políticos y apoyos entre el lobby artístico del país, con mucha influencia en la opinión pública, y en defender los intereses económicos de la industria audiovisual, con lo que estamos pagando un ministerio de la industria de la cultura, no de la cultura. Un rasgo de sectarismo del estado que da alas a los que no creen en este estado.

Tantas alas como la existencia de departamentos ministeriales como igualdad (que ya de paso podrían crear el de fraternidad y el de libertad) o como vivienda, que en nada contribuyen al bien común, al carecer de competencias reales o racionales y cuya existencia solo responde a la única intencionalidad de conseguir un impacto mediático, de ofrecer un gesto ante problemas que no hay que ser muy listo para descubrir que no se arreglan solo con un membrete.
El caos organizativo del estado, máxime en estos momentos de crisis no solo nos va a costar mucho dinero, en una fútil reorganización de departamentos y cauces administrativos. Va a costar mucho al ciudadano perdido en la selva de competencias en que se ha convertido el estado, con trámites a reiniciar, pagos a aplazar y proyectos a volver a presentar. Y va a costar tiempo, perdido en reuniones endogámicas dedicadas a intentar coordinar minimamente el funcionamiento diario, no ya el liderazgo. Y es que la reorganización ministerial que sufrimos no es más que un indicio más del caos competencial y de jerarquía y asistencia entre las distintas administraciones públicas, desorientadas y celosas de lo poco o mucho que controlan, uno de cuyos episodios más lamentables ha sido representado por Candido Conde Pumpido, al ofrecernos la imagen de un fiscal general del estado lloroso porque la policía quiere más a Garzón, como los padres primerizos y sensibles, dolidos porque su niño quiere más a mama. Un episodio que no es único y que se une a las discrepancias entre Corbacho y el Banco de España, entre Garmendia y Sebastián por los dineros de investigación, entre Chavez y Salgado por la financiación autonómica o entre de la Vega y el resto por la tendencia fagocitaria de aquella. Eso sin contar con que ahora, hasta el presidente del consejo de ministros se arroga una cartera, deportes, y todo por no saber como dar marcha atrás en una de sus típicas promesas para quedar bien, en una recepción a deportistas.

Es difícil creer en una España en la que el gobierno de la nación carece de política exterior y se dedica a reír las tonterías de los dictadores plataneros o a salir corriendo cada dos por tres dejando empantanados a sus aliados. Donde se contradice la línea de sus socios y aun se permite criticar a la mayoría (véase el caso del maíz transgénico mon 801, sobre el que España se ha quedado casi sola defendiendo su uso). Es difícil creer en una España en la que el gobierno de la nación, ante el problema económico que se nos presenta, prepara un lote legislativo en el que entre las primeras diez iniciativas de grandes leyes a presentar en el parlamento no hay ni una económica (aborto, dependencia…), salvo que consideremos tal la ignota reinvención de rtve, que ya veremos cuanto nos cuesta. Es difícil creer en una España en la que ocurren casos como el de Badajoz, donde la pelea de competencias entre el ayuntamiento del PP y la Junta del PSOE dejaron un puente de la capital a oscuras durante meses, con resultado de 3 muertos en diversos accidentes, y sin responsabilidad de nadie. Hechos como ese, o como el abandono de Madrid a su suerte en materia de infraestructuras, muchas paralizadas, por motivos políticos anti aguirre, dejan poco espacio a la esperanza, y mucho para que los suevos de turno destruyan lo que nos queda.
Y luego dicen de Sarkozy insulta. Un visionario nos ha salido el muchacho.


martes 31 de marzo de 2009

El error Quiroga

Gorka Merchán estrena esta semana en España, “La casa de mi padre”. Una opera prima que rezuma la pena de un pueblo condenado a ser extranjero bajo sus propias estrellas. No cabe duda de que estamos ante una película valiente, que revela una mirada ácida y desilusionada de un pueblo sin norte.
No merece la pena desandar pasos y revisar una vez más el pasado, pero si reflexionar, con calma y sentido sobre el futuro. Las pasadas elecciones han dejado fuera de la partida a un PNV sacudido por una victoria estéril. Que duda cabe que la perdida del poder por los nacionalistas esta asociado a sus propios errores, a nuestra propia indolencia y nuestra carencia de sentido de estado, a nuestras disputas internas, las que nos han separado de EA, a un discurso político rancio, a unos compañeros de viaje (EB) exhaustos de no hacer nada, y a una fijación enfermiza en el soberanismo, soslayando los intereses cotidianos del pueblo, como el paro, la seguridad o la educación. Todo ello ha obrado el milagro. PP y PSOE se casan.
Lo que en cualquier lugar normal habría sido tachado de mera anécdota, la alternancia política, en Euskadi, sin embargo, se ha mudado en una seria amenaza. De nada vale apelar a la higiene y la normalidad democrática, como explica Patxi. Los socialistas han buscado desde hace años este momento, y ni ellos ni nosotros hemos sabido evitar que un 40% del electorado se quede en tierra en este nuevo viaje. Ya lo intento en los 80 Benegas, pero las exigencias de EA evitaron un pacto anti PNV. Tanto que los socialistas cejaron, apoyaron a Ardanza y mandaron a Benegas al retiro madrileño. Pero ahora no, ahora no están dispuestos a perder el sillón. Y el PP tampoco.

Los populares saben de sobra que la marginación peneuvista va a tener consecuencias para la convivencia, y que su apartamiento total del poder evita una oportunidad histórica de entendimiento entre nacionalistas y no nacionalistas. Lo saben tanto como que al jugar con los socialistas se están tendiendo en un lecho de víboras, y que al menor descuido serán envenenados. Pero las huestes de Basagoiti no tienen más salida.La marcha de San Gil ha dejado a los populares muy tocados, con lo más experimentado fuera, y un grupo de críticos con mucha fuerza entre el empresariado medio, al mando de Barreda, dentro. Ante ello, Basagoiti y Oyarzabal, que han pretendido en estos meses una renovación del partido, con gente joven, sobre todo de Vizcaya, que evite una hemorragia hacia Rosa Diez y un hundimiento a nivel nacional de Rajoy. Maestro y aprendiz precisan éxitos rápidos que apuntalen a un partido acosado por la disputa del liderazgo y la corrupción. Pero un frente nuevo se ha cernido sobre el líder popular. Tras años de sequía, y la perdida progresiva de sus pequeñas cuotas de poder en Guipúzcoa y Álava, el partido se ha lanzado a una guerra sorda por controlar la organización, en vísperas, además, de un congreso regional, en el que los donostiarras de San Gil y los alaveses están dispuestos a dar batalla contra lo que ellos consideran el desembarco de un grupo de jóvenes inexpertos, dóciles a Madrid y extremadamente conservadores. Y es que muchos populares de siempre, de los de escolta y amenaza, que han dado mucha sangre y muchas lagrimas a esta tierra, no están por la labor de entregar el partido al Opus Dei.

Podía el nuevo gobierno haber entregado la cámara de Vitoria al partido más votado, manteniendo la presidencia parlamentaria en manos del PNV. Podía haber buscado a un nacionalista de consenso y dar un paso a la normalidad y la convivencia. Podían incluso haber tomado la iniciativa de colocar al frente de la cámara a un/una popular vinculada a esta tierra y con predicamento entre los grupos. Es cierto que venido de los tiempos de confrontación, y crecido bajo el manto de Iturgaiz, Leopoldo Barreda parecía poco adecuado. Pero muchas miradas se detuvieron estos días en Laura Garrido Knorr. Educada en una ikastola, y vasco parlante, Garrido Knorr es fiel representante de la corriente alavesa del PP. Gente formada, tolerante y experimentada, bien dotada para el dialogo y respetuosa con las tradiciones y los valores de Euskadi. Abogada y licenciada en ciencias políticas, con un master en administración pública, Laura Garrido maneja tres idiomas, pertenece al Euskal Talde Popularra desde 1990, habiendo desempeñado todos los cargos posibles, desde concejal (en Burrundia y Lizartza) hasta presidenta de comisión, pasando por la vicesecretaria del partido de organización y asuntos sociales y parlamentarios, cargo que ocupa desde 2006. Frente a ella, Basagoiti ha decidido repartir entre los fieles, promocionar a nuevos valores apegados a la confrontación y el neoliberalismo y buscar el apoyo de los guipuzcoanos no adscritos a San Gil.

Es una respuesta estratégica a la lucha por el poder, no una respuesta política a una situación, en esta legislatura, muy compleja y delicada. El peón, Arantza Quiroga Cia. De padre castellano y madre euskalduna, Arantxa entro en política a los 21 años, en el difícil ayuntamiento de Irún. Merece todo mi respeto quien, siendo mujer, algo nada fácil en esta sociedad, ha decidido jugarse el pellejo en la arena política, en torno, además, a unas ideas que son una invitación constante a la bala de las hienas de HB. Es de respetar el trabajo de quien tiene que oír cada día, como única valoración política que es guapa y tiene una sonrisa natural, que ya hay que ser mala persona para decir eso, pero solo eso. Y merece todo apoyo y respeto, quien se ha pasado toda la campaña recorriendo Euskadi, dando mítines e intentando explicar sus ideas, junto a un coche de la erzaintza y dos escoltas, todo un signo de normalidad y democracia. Pero esto no es un homenaje a quienes sufren, sino el diseño del futuro de un país. Basagoiti pretende poner a la manija del parlamento de Vitoria a un político inexperto, que no sabe euskera, que mantiene posiciones morales y sociales ante diluvianas y clasistas, que pertenece a una secta repudiada por la mayoría de los católicos vascos y cuya formación se reduce a la licenciatura en derecho. Vale que su simpatía le haya hecho acreedora a los guiños de Aznar, por quien pierden los huesos Oyarzabal y Basagoiti. Vale que el merito de hacer política españolista en el Goierri es inmenso. Vale que ha soportado muchas zancadillas en su propio partido. Pero eso no es bastante aquí.Mª Jose Usandizaga, la venerable diputada popular, contaba en una entrevista, hace pocos años, que del hambre viene los atracones. Y de la inocencia la ceguera. Este es un caso claro. La tímida Arantxa, con su proverbial tendencia a enclaustrase en lo español, y evadirse de lo vasco va camino así de convertirse en la primera demostración de la sensibilidad de Basagoiti, enamorado de si mismo y pagado de un triunfo que solo es el de ser el amante obligado. Euskadi espera un cambio que aúne progreso y reconciliación. Los populares esperan demostrar, tras tanto sufrimiento personal, que son útiles al país. Al final solo asistiremos a un error, el de quien mira al poder, y no a Euskadi.

domingo 22 de marzo de 2009

La amenaza fantasma


Entre los olivos del Ática griega, en las colinas que dominan Atenas, vivió, en tiempos antiguos, un artero bandido llamado Procusto.
Su despiadado odio por cuanto difería de lo que el había dado en considerar modelo le conducía a actuar de forma despiadada y irracional contra todo lo que era distinto, acaso como resultado de su propia inseguridad.
El caso es que Procusto, también llamado Dámastes, vivía junto a su amada en una yerma posada, en el lomo de una colina. Cuando un visitante solitario se acercaba a sus predios, el torvo posadero lo seducía con su amable verbo y sus gestos elegantes, invitándole a reposar sus cansados huesos, tumbado desnudo sobre un catre de hierro. Si el incauto huésped resultaba alto, Procusto reducía la cama previamente y procedía a serrar sus huesos hasta acomodarlos al lecho. Si por el contrario, su altura no satisfacía los ideales de nuestro anfitrión le hacia tumbar en una cama más larga, dejando así en evidencia su corta altura, en la que le maniataba y descoyuntaba a martillazos hasta estirarle. El caso es que a la mirada de Procusto, nada ni nadie resultaba nunca coincidente con sus ideales, pues nuestro protagonista manipulaba la cama a voluntad, antes de la llegada de sus victimas.
Las andanzas de Procusto, y su miserable actitud rindieron cuentas a la historia, cuando el héroe Teseo, decidido a imponer justicia y sensatez en aquel reino, se dejo seducir por el malvado, y al entrar en la posada, y tras una brillante maniobra, logro atar a Dámastes, cortándole a continuación la cabeza y los pies a hachazos. Dicen que fue la última aventura de Teseo, que en viaje desde Trecen a Atenas, decidió desviar su ruta a fin de liberar a los hombres.
La historia refleja tan certeramente los mecanismos más elementales del comportamiento humano, que hace treinta años, George Lucas, el autor de uno de los tratados más veraces y profundos sobre el alma humana y sus pasiones (la guerra de las galaxias), tomaría a Procusto como fiel molde de la manipulación, la intolerancia y el desorden, que reflejaba su emperador sith, la amenaza fantasma sobre la humanidad. Hoy Procusto ha vuelto, ha regresado de los lejanos planetas del imperio sith, y vive en Ferraz.

Muchas veces le he dado vueltas a una frase de un amigo, un obsesivo impenitente de la educación que, profesor en el norte de España, suele decir, incluso a los alumnos que le quieren escuchar, que no tiene claro si la escuela española no será, en el fondo, como el lecho de Procusto, en el que, en lugar de acomodar las enseñanzas (eso que pomposamente llaman el currículo) a los alumnos, se acomoda a las personas a un currículum único y homogeneizador. Ese ataque tan frontal a la concepción más elemental de la diversidad en la enseñanza (¿se han fijado que nunca un médico atiende a 25 pacientes a la vez, y a todos por igual, y si lo debe hacer un maestro?), es más patente aun, si cabe, en el mundo de la política. Pero con un añadido, el del engaño.

Desde su llegada al poder, José Luís Rodríguez Zapatero, el actual presidente español, ha actuado sin sonrojo bajo la máxima de atender a cada uno según sus necesidades y convertir a España en un ente colaborativo, no en el escenario de una competición, pues, son sus palabras, “¿Sería justo organizar una carrera en la que participase un cojo, un enfermo con tendinitis en el quinto metatarsiano, un atleta, un corredor con una bola de hierro atada al pie, otro con el pie sujeto a una estaca…? Sería una grave injusticia comparar los resultados y atribuirlos al mérito exclusivo del esfuerzo de cada uno.” Las palabras no son suyas, pero él las pronuncio, sin cortarse un pelo, en un mitin en Bilbao, antes de las últimas elecciones.

El problema es que esa filosofía ha estado empañada en los últimos seis años por la carencia total de medios para llevarla a cabo, de personas y cuadros con preparación para aplicarla (Solbes, Magdalena, Aido, Trujillo), de un plan estratégico que colocara cada pieza en el lugar adecuado para alcanzar objetivos comunes y a largo plazo y , sobre todo, con una voluntad de engaño, palpable en cada día de estos seis perdidos años para la historia española y una tendencia feroz a serrar los huesos del que opina en contra del poder.
Arrancábamos este periodo con una situación pintoresca. Todo el arco parlamentario era gobierno y un partido era oposición. Fue el primer motor de la era de Rodríguez, el aislamiento y aniquilamiento del enemigo. Una máxima luego visible con vascos y catalanes. A medida que la partida avanza, quien no esta con el gobierno esta contra él. Es justo reconocer en este sentido, la increíble habilidad del presidente para enzarzar a sus enemigos, aislarlos, y volcar a sus huestes contra ellos, azuzadas por energías que parecían olvidadas. Así, hemos visto estos años como se rescataba del imaginario común la amenaza de la iglesia, el golpismo, la guerra civil, Aznar, el papel de los nacionalismos en la republica, esta misma o el aborto. Y según los tiempos políticos lo demandaban, Blanco, de la Vega o Pajin, los pretorianos del líder manejaban estos o aquellos como convenía, a fin de que el país, tanto mirar a los lados, no mirara lo que se le venia de frente.
Hace unos meses, en plena sospecha de la crisis que se nos venia encima, el gobierno decidió no asumir el reto de afrontar profundas reformas en la base organizativa de la sociedad española (reformas estructurales se llama), en aspectos tales como la educación profesional y universitaria, el bachillerato, el sistema aeroportuario, la fiscalidad de los autónomos, las líneas de crédito, la gestión del suelo, la contratación de inmigrantes, la energía nuclear, la investigación básica o la política de aguas, por citar algo. No, no se tocó, porque no habia crisis, admitirla era atacar el ego del presidente, más pendiente de gestos como hacer ministerios inservibles (Aido). Todo se centró en una ronda aireada con todas las autonomías sobre el nuevo sistema de financiación que, curiosamente, acabó con el aplauso unánime de los citados, enamorados de la capacidad de atención a la diversidad del presidente. Algo impensable si tenemos en cuenta que los recursos son limitados, que la vida se basa en elegir y que en aquella ronda todo el mundo obtuvo lo que quiso. Hoy, casi un año después el nuevo sistema no se ha aplicado, casi nadie sabe en que consiste y los catalanes han iniciado la carga con un ultimátum de quince días al presidente. Un problema menor, comparado con que la minorías nacionalistas se han visto engañadas tras el incumplimiento de las promesas de todo tipo hechas por Zp, y la perdida de sus cuotas de poder, a medida que la legislatura avanzaba. Hasta el punto de que los dos grandes partidos nacionalistas, piezas clave en la transición política, en el caso catalán con mucha responsabilidad, se encuentran ninguneados por el gobierno y marginados en sus propios territorios. Un error estratégico monumental que puede dejar paralizado al país, ante la falta de mayorías, que estas bisagras proporcionaban, mientras el gobierno se ha empeñado, en estos seis años, en cortejar a minorías exiguas, radicales y surrealistas, que apenas proporcionan a la estabilidad del estado un puñado de votos.

¿Y que hace un gobierno cuando el país entra la senda del hundimiento del empleo, la renta, la paz social y la estabilidad política?. Pues enseñar a la gente un trapo rojo, como a un toro despistado en mitad de la calle de la Estafeta, para que siga al pastor hasta la plaza, y allí degollarle.
Primero el trapo fue el PP. No vamos a negar que se lo gana a pulso. Luego abrir fosas por medio país, en una operación de restitución de la memoria y la dignidad de nuestros conciudadanos imprescindible por justa, pero innecesaria en su teatralidad, que solo ha contribuido, pasada la publicidad y el nodo, para crear más frustración entre quienes quisieron ver en aquello, el fin de una pesadilla. Luego nos hemos gastado un dinero que no tenemos en quitar placas de calles y estatuas de Franco. Después en reabrir una ley de aborto que no soluciona nada más que abrir otro frente, el de la libertad jurídica de los jóvenes de 16 años, y que no afronta ninguna política preventiva en una juventud condenada al paro, el botellón y Bolonia. En medio capitales despilfarrados en un plan faraónico de obras municipales inservibles a largo plazo, justo en un país en el que el núcleo central de los alcaldes, o son analfabetos, y por tanto manejables, o son unos ladrones, en lugar de establecer una ley de bases que ponga orden en el poder local.
Ahora el gobierno, como en los mejores tiempos del rojismo romántico y anti yankee decide sacar las tropas españolas de una misión de paz en la que estaban comprometidas. Y todo para enarbolar la bandera del pacifismo, de la vuelta a casa y del engaño. Lo malo es que esta vez se ha colado. Se le olvido decírselo a los embajadores, a los mandos, al parlamento y a los aliados. Que ya es olvidar. El gobierno ha vuelto a demostrar palpablemente una falta total de planificación, identidad y fidelidad a la palabra dada. Una muestra más de una política impulsiva, caótica y carente de compromiso. Que por algo dicen aquí en América, que la España de hoy se debate entre los países inclasificables y los de difícil clasificación.
Pero mientras José Luís sigue la política Chavista de gestos que enamoran, con ese aire dulce y aniñado que adoran las gentes sencillas de corazón, fáciles de embaucar. Por eso, que a nadie extrañe, los próximos y duros meses, que mientras el país se desliza por la pendiente, intelectuales, plataformas de apoyo y gentes de buena voluntad, apoyan a quien creen un místico inspirador de un nuevo mundo, un héroe capaz de cerrar el paso a la malvada derecha, un pacifista capaz de aunar y armonizar pueblos y civilizaciones. Cuando solo es para todos una amenaza. Una amenaza en la sombra, fantasma.

sábado 7 de marzo de 2009

Grave y trascendental

Me encantaba de pequeña acompañar a mi padre cuando este debía acudir a Bilbao a asuntos del partido. Me recuerdo entrando en Sabin Etxea, caminando entre todos aquellos cuadros y signos de orgullo, entre todas aquellas personas entregadas a la causa de la paz y el bien común de mi pueblo. En una de aquellas esporádicas visitas, mi padre quiso que conociera a una de las personas a las que más admiración he profesado en mi vida, D. José Antonio Ardanza. Yo tan solo tenía 8 años, y él apenas dos de lehendakari. De aquellas, y antes de conocerle, mi devoción corría tras la sombra de Carlos Garaicoetxea, anterior lehendakari, y que en aquellos momentos había salido del partido, tras un agrio enfrentamiento con el aparato, lo que había provocado una de las más dolorosas divisiones internas del PNV. Yo conocía a Garaicotxea de asistir a algún tedioso acto del partido al que debíamos asistir los niños, a modo de jarrón coral, y porque su amistad con mi tío Enaitz me había permitido estar cerca de él en alguna ocasión. Amable y dicharachero, el nunca había, lógicamente, reparado en mi, pero yo, como otras niñas de mi edad veíamos en él a un ídolo. Alto, guapo, con la labia propia de un buen abogado, elegante, sonriente, siempre con la palabra justa y el gesto apropiado, y líder. Líder de un pueblo que por entonces recobraba su identidad paso a paso, desde que Suárez restaurase el autogobierno. Con tales mimbres y tan pocos años, la pregunta a D. José Antonio Ardanza era inevitable. “¿Por qué le has quitado el sitio a Carlos?”. Ante la mirada atónita y avergonzada de mi padre, Ardanza se echo a reír, y tomándome de la nuca me dio un beso en la frente, al tiempo que al retirar su cabeza me susurraba al oído, “Porque pensemos distinto no somos enemigos. Recuerda que si vivimos aquí, somos vascos, y nos necesitamos todos”. El resto es comprensible. Ambos se fueron a sus asuntos, y la riña de mi padre fue de época. Tan prudente y comedido como es él, aquel desaire no me le perdonó con facilidad.
De vuelta a casa, compartí el incidente con mi tío, y las, para mi, enigmáticas palabras de Ardanza. Era mi tío Enaitz hombre de pocas palabras, así que entre enigmas sobre la naturaleza dispar del hombre, el derecho a cambiar de opinión, la mudanza de estrategias en las organizaciones humanas y la necesidad de colaboración entre los vascos de diferente condición y pensamiento, me entrego un papel, breve y críptico, que bajo el título de “Grave y Trascendental”, encerraba, según él, una lección importante para mi. “Lee esto, cuando seas mayor lo entenderás, y te servirá para que no te engañen sobre como somos, y que queremos”.
Pasados los años, muchas veces he releído aquella vieja cuartilla, y solo hoy, entre los últimos atardeceres del verano austral, y envuelta entre olor a salitre del Plata comienzo a entender.

Corría el año 1902, cuando, tras un duro periodo de cárcel, Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco moderno, había comenzado a defender la idea de disolver el movimiento nacionalista por el fundado, y dar los pasos hacia la creación de una liga de los nacionalistas vascos y españolistas que, admitiendo la soberanía española, creara un movimiento social y político orientado a alcanzar el bienestar y la Paz en Euskadi, en colaboración con el estado español. El rumor, que nacía de una carta enviada por Sabino a su hermano Luís, propicio que el semanario La Patria de Bilbao, bajo el título de “Grave y trascendental”, publicase una carta sin firma el 22 de junio de aquel año, en su número 35, en la que mostraba su estupefacción ante tales proyectos. El artículo tuvo como respuesta otro del propio Arana en que ratificaba punto por punto los planes que habían motivado la incredulidad de los sectores más soberanistas. Tiempo después Don Sabino murió, envuelto en un aura de racista intolerante para muchos españoles y de anciano trastocado para sus seguidores, que se negaron a admitir las nuevas ideas de un viejo senil, manteniendo viva la ideología que ellos habían querido entender o deseaban entender. Aquel testamento vital nunca fue respetado, y así nuestro partido y los escindidos de él han seguido, en el tiempo, cautivos de una vía soberanista e independentista, que a nada nos conduce. Como tampoco esa actitud excluyente de los partidos, hoy llamados constitucionalistas, que ha deambulado entre el victimismo y la intransigencia sectaria hacia el nacionalismo, moderado o radical. Ya no nos tiran piedras, como en las manifestaciones de principios del siglo XX, en las que los llamados españoles (como si nosotros no lo fuéramos) apedreaban batzokis y casas de dirigentes, los gobernadores civiles cerraban locales y los militantes se veían privados de derechos que de aquellas, poseía hasta un anarquista, lo más temido por los gobiernos alfonsinos.

A todos, creo, nos ha pasado desapercibida la frase de Ardanza. Si vivimos aquí, somos vascos, y nos necesitamos. Y la de Arana, todo movimiento social y político debe anteponer el bienestar del pueblo a cualquier otra consideración. Los nacionalistas de principios del XX hicieron oídos sordos a las nuevas consideraciones de Sabino, que era probablemente consciente, en aquellos momentos, de cuanto avanzaban regiones como Cataluña, orientadas por políticos como Cambo, en la colaboración integradora con España. Los actuales también y esa es parte de nuestra miseria. A la muerte de Arana, iluminados ultra ortodoxos como Arriandiaga, irían arrastrando a nuestro partido hacia las posiciones que ahora, tras estas últimas elecciones nos arrinconan, en una decisión que puede ser grave y trascendental.


Podemos decir de Ardanza o de Garaicoetxea que impulsaron el concierto económico, que afrontaron la reconversión industrial, que desplegaron la policía autónoma, que construyeron el sistema de salud vasco, que impulsaron la educación y los medios de comunicación públicos o que favorecieron la colaboración con España a través de gobiernos de coalición con los constitucionalistas (12 años con Ardanza), de pactos de cerco al terror (mesa de Ajuria Enea), de apoyo a las instituciones centrales y entendimiento en aspectos fundamentales de carácter social y económico. Lo podemos decir y con orgullo, rechazando así cualquier acusación rastrera de colaboración con asesinos. Pero, ¿Qué podemos decir de la era Ibarretxe?. ¿En que hemos avanzado?. ¿Cuanto del último pensamiento de Arana se ha hecho en estos años?. Solo nos hemos dedicado a agarrarnos al sillón aun debiendo para ello apoyarnos en partidos de izquierda absurdos y ridículos, que no comulgan con nosotros en nada, o, aun peor, con bandas de matones como ANV o PCTV, que actúan de testaferros de quienes, asesinando y amedrentando a nuestro pueblo, nos hacen cada vez más indignos, y más pobres. Pero los mismos que ante la casa de Sabino tiraban piedras en los principios del XX, hoy también las tiran. Lo hacen cuando lanzan un discurso de enfrentamiento, lo hacen cuando dejan huérfanos y aislados a líderes de verdad, como Imaz, que en su momento precisaron apoyos para reconducir la locura de nuestro partido. Lo hacen cuando desaprovechan la oportunidad, como en este invierno del 2009, de rehacer un gobierno conjunto de nacionalistas y no nacionalistas, que restañe heridas, que siembre colaboración y acerque a dos pueblos que son uno, y que deben vivir unido.

De sobra sabemos que la esencia de la democracia representativa se fundamenta en el gobierno de mayorías, que representan, incluso en su heterogeneidad, la voluntad mayoritaria de una sociedad, y no en ideales abstractos e intocables. De sobra sabemos que la alternancia, en condiciones normales es la salud del sistema. Pero parece que no sabemos que, para nuestra desgracia, Euskadi no vive en condiciones normales. Como también parece que poco sabemos de la historia y de la necesidad transaccional de esta. El sábado 7, la edición digital de El País reproducía un articulo de Antonio Elorza, en el que entre otras muestras de ignorancia política exponía: ” Lamentablemente para todos, Sabino Arana vive, lo cual refuerza la idea de que sólo habrá verdadera democracia en Euskadi cuando deje de imperar la consideración abertzale de que los otros, los que de fuera vinieron, carecen de derecho a la plena ciudadanía, y por tanto al ejercicio del poder. Y eso sólo es posible con el PSE en Ajuria Enea”.
Quizá Elorza debiera conocer un trocito de mi vida, muy parecida a la de otras vascos euskaldunes y nacionalistas, que con 17 años debimos salir de nuestra tierra, en mi caso a Madrid, por “seguridad”. Quizá sea necesario mirar en las listas de muertos y extorsionados por ETA y los radicales, cuantos euskaldunes y cuantos nacionalistas hay, cuantos empresarios muertos de miedo, cuantos concejales peneuvistas cercados en sus pueblos. Una parte del PNV esta equivocada y ciega, pero la mayoría no es el enemigo. El nacionalismo vasco no acaba en HB, ni empieza en Ibarretxe, Anandiaga o Urkullu. Porque no mata, no amenaza, no extorsiona, no coarta, no destruye, no excluye, no odia, no se quiere separar de nada ni de nadie. López y quienes le alientan no deberían construir un gobierno sectario y segregacionista, excluyendo a un amplio sector de Euskadi. Deben aislar la basura humana que mancha nuestras vidas, debe jubilar a los ibarretxes iluminados, y debe integrar en un proyecto común a los Ardanzas y Sabinos cuyo legado quiere ser la vida. Lo contrario puede abocar al nacionalismo moderado a una deriva que puede ser grave y trascendental.

sábado 7 de febrero de 2009

¿Quieres tu?

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domingo 28 de diciembre de 2008

Hasta que el viento me traiga

Todos esperamos en este tiempo llegadas, reencuentros y saludos, en principio tibios, pero que ante la proximidad y los ojos iluminados, recomponen corazones heridos y visten de blanco nuestras tristezas, reconstruyendo en brillo las vidas comunes, las esperanzas y las manos cruzadas que el viento de la historia descompuso en algún desierto en pequeños pedazos. La vida, empero, ha sido torva aquí. Veo las caras alegres de las gentes que pasean por Montevideo llenas de planes, con la mirada puesta en mañana. Pero sus rostros amables me resultan extraños. Mi mañana descansó desde hace meses en una ilusionada espera que ha concluido entre un llanto, por la perdida de lo que, de tanto esperar, es tuyo aun no habiéndolo abrazado nunca. Terminó la espera y quede vacía, hasta en mis manos. Es tiempo por tanto de caminar, en busca de un ánimo perdido, de una razón de vivir perdida, de una ilusión muerta. Pero, quizá, pronto el camino nos reencuentre, cuando yo lo haya hecho antes con mi alma, que dicen que no hay distancia, ni hay abismo, ni hay tiempo ni madeja humana capaz de hacer desistir a nuestro corazón cuando ama, cuando acuna el alma entre el brezo suave de quien un día, con los ojos abiertos, y los brazos prietos sobre tu pelo, te dijo, te quiero. Hasta entonces, gracias, y hasta que el viento me traiga.

domingo 7 de diciembre de 2008

Monstruos


Nuestro diccionario define un capricho como una “agudeza para formar ideas singulares y con novedad, capaces de acabar felizmente”. Es algo así como la terminación arbitraria e inexplicable de crear que brota de un ser humano, por motivo de un antojo, de un estado de ánimo o por el placer que provoca lo extravagante, lo inalcanzable o lo original. Ese arte basado en el ingenio, la fantasía y la trasgresión de las reglas, fue el ideal de Forrest Ackerman, el creador de monstruos y seres imposibles, fallecido esta semana a los 92 años.

Ackerman, un apasionado de la fantasía que había acuñado el término ciencia ficción, había nacido en noviembre de 1916, y desde entonces había seguido siendo niño. De su imaginación habían nacido los personajes del mítico cómic 'Vampirella', las historias de la revista 'Famous Monster of Filmland', la primera dedicada exclusivamente a los monstruos, las ideas primigenias de grandes autores del genero como Ray Bradbury y Stephen King o George Lucas, y una de las colecciones más extensas de artículos relacionadas con la fantasía y la ciencia ficción, que alojada en su casa, alcanzó a su muerte más de 300.000 piezas.
Nunca sabremos, sin embargo, si Ackerman, como otros maestros de este segmento del arte, creo y desafío a la razón y el conocimiento empírico como un ejercicio de ingenio, como una forma de recrear formalmente ese taimado enemigo que es el instinto humano, o como una predicción del destino de nuestra especie. Quizá Ackerman experimentaba con sus formas físicas esas otras menos visibles y más escondidas que albergan los humanos en lo más íntimo de su conciencia. Uno de esos monstruos con los que jugaba Ackerman, con los que pintaba Goya o con los que soñaba Dali, sobrevoló Azpeitia hace unos días. Y lo seguirá haciendo, libre y señor de sus siervos.
Ni en su más aguda forma singular Ackerman hubiera imaginado que un ser humano fuera capaz de destruir la vida de otro, por el mero de hecho de crear, de formar riqueza colectiva y de aportar sustento a sus congéneres. Pero los asesinos de ETA si son capaces de obrar así. No portan las formas de los monstruos cinematográficos, permanecen recónditos en ese lado oscuro humano que se ha asentado en Euskadi. Pero los monstruos se reproducen, el virus mutante que les transmuta se extiende como una plaga. Solo así se explica que un diario nacional español, seguido por miles de personas, con toda la influencia sobre la conciencia colectiva que posee el diario El Mundo, haya sido capaz, en mitad del dolor de la familia de Ignacio, exponer que es la vasca una sociedad insensible en la que, por ejemplo, los compañeros de cuadrilla de Uria, mientras su cuerpo yacía muerto y ensangrentado en las calles de Azpeitia, se reunían en el bar Kiruri, o en el Uranga, como si nada hubiese pasado, y en la misma mesa de cada día, jugando al tute, con la única diferencia de que otro ocupó el lugar del asesinado. Cuando un medio de comunicación, obligado a un esfuerzo ético de creación de valores comunes, se afana en escribir con ese odio, con ese mentira consciente, con ese interés de daño, sobre quienes deben vivir con el dolor, la ausencia, la muerte y la incertidumbre de su futuro, es señal de que Ackerman era un relator de horrores ciertos, no un creador de monstruos extravagantes e inalcanzables.
Celebramos estos días grandes gestas. Constituciones, declaraciones de derechos, hitos de libertad en suma. Sin embargo mi pueblo sigue preso. No basta acostarse cada día junto a la muerte. No han bastado años inciertos y noches enteras de duelo, durante décadas. Miles de hombres y mujeres de Euskadi apoyan con su voto, con sus gestos, con su dinero, con su trabajo, con su esfuerzo, con su silencio o con su miedo un gigantesco coloso, como nacido de un lienzo de Goya, o un guión de Ackerman, que sigue hoy sobrevolando nuestras ciudades, acostumbradas al horror cotidiano, a convivir con el dolor ajeno, esperanzadas en que no nos toque a nosotros. Un horror normalizado sobre el que nuestro lehendakari se permite incluso argumentar, veladamente justificar y explícitamente admitir. Y no es ciencia ficción son monstruos. Somos nosotros, mirando la muerte pasar al socaire de una ventana, reflejados en los charcos de sangre que tiñen las calles de Euskadi.

domingo 30 de noviembre de 2008

A cada instante, una palabra


Estos días anuales que los humanos nos montamos para justificar conciencias (el día mundial del escarabajo verde, el día de la tolerancia, el del ahí te pudras o, más cerca, el del SIDA) tienen, a veces, sus cosas buenas. Te reportan un golpe inmisericorde que te saca del nirvana en que nos adormecen, y te sacuden el polvo que te tapa los ojos. Me ha venido a la mente estos días una estremecedora obra de varios artistas de los de verdad, “en el mundo a cada rato”. Cinco historias sobre el SIDA, con la infancia de por medio, que Patricia Ferrera, Pere Joan Ventura, Chus Gutiérrez, Javier Corchera y Javier Fesser rodaron en 2002 para UNICEF, en un intento desesperado de mostrar al mundo las consecuencias de una plaga que, mejor será, no escarbar como hemos producido.
Para mi, la más demoledora resulto ser la primera entrega. La historia de Ravi, envuelta en el titulo de “El secreto mejor guardado”, mostraba a un adolescente indio, huérfano y a cargo de su abuela, que se afana en ahorrar para comprarse el uniforme de su escuela, y así dejar de ser distinto, al tiempo que su abuela descubre que tiene SIDA, y que le vera morir en su regazo, pues el precio de las medicinas no esta a su alcance. Uno de esos relatos que te dejan seca, de tanto exprimirte los ojos en doce intensos minutos. Claro que mejor eso que quedarte ciego viendo el océano de pintura de Barceló.
El mensaje en el fondo era sencillo. La enfermedad siega miles de vidas en el tercer mundo. Cuando sus padres enferman y mueren, la siguiente generación, sus hijos, sufren con intensidad las consecuencias sociales y psicológicas, la miseria provocada por la caída de la renta familiar, abandonan el colegio colgando así su futuro, a veces pierden el derecho de herencia dentro del clan, caen en la desnutrición, la marginalidad, el aislamiento, el miedo, la enfermedad y la muerte.

Corría el mismo año 2002, cuando a la sensibilidad y la militancia de Patricia Ferreira y sus compañeros se añadía un destacado impulso internacional, el Consenso de Monterrey. Una iniciativa de Naciones Unidas que pretendía impulsar estudios y acciones de sus miembros en seis grandes campos que ayudarían a erradicar, entre otras maldades, el SIDA. El objetivo era movilizar recursos financieros nacionales para el desarrollo, recursos internacionales para igual fin, modificar los parámetros en que mueve el comercio internacional para así promover el desarrollo, aumentar la cooperación financiera y técnica internacional para el desarrollo, dar una solución razonablemente humana al problema de la deuda externa y tratar cuestiones estructurales que evitan la construcción de los estados afectado, tales como fomento de la coherencia y cohesión de los sistemas monetarios, financieros y comerciales internacionales en apoyo del desarrollo, la potenciación de los elementos estatales de cohesión y desarrollo social y educativo y el fomento garante de los movimientos civiles.
Sin ser preciso llegar a conclusiones sobre el impacto que sobre esa utopía tiene la actual situación de crisis financiera y económica internacional, de bien poco, podemos concluir, han servido estos seis años, apenas llegando a caminar unos pasos en tan encomiable ruta.
Y es que poco o nada hemos hecho desde este lado de la vida para cerciorarnos, y actuar en consecuencia, de la cruel dependencia entre pobreza y enfermedad. Hasta el punto de que Europa, y otras tantas zonas desarrolladas dedican más esfuerzo financiero y de medios, en provocar en su población una toma de conciencia ante estos temas, que en prevenir conductas de riesgo en los países masacrados por la enfermedad.

Pese a ello, las palabras, la retórica y las promesas sobrevuelan a cada instante nuestras vidas, ya sea como alianza de civilizaciones, objetivos del milenio o programas de cooperación. Lanzados al mundo en medio de una costosa, despilfarradora e inmoral pléyada de elementos publicitarios, tras los cuales no hay nada. Así, no es ya delictivo que dediquemos dinero español para el desarrollo en hacer una cúpula en la sede de Naciones Unidas, en lugar de vacunar, prevenir o alimentar. Es que bajo la cúpula no hay casi nada. El delito es tanto robar a quien padece miseria, como engañarnos tocante a lo que hacemos ante ella.

Y no exagero. De hecho, en los años transcurridos desde Monterrey, la financiación de los programas de desarrollo, atención al SIDA incluido, han sufrido una progresiva privatización, tanto en lo tocante a préstamos e inversiones de cartera, como a las inversiones directas, las dos principales vías de asistencia al desarrollo. Hasta el punto de que hoy, seis años después, la inversiones por ese concepto, de origen estatal son solo un 10% de las que se realizaban en 2002.
A ello se une el hecho de que la crisis actual, originada aquí, no allí, y la inestabilidad de los mercados alimentarios y de materias primas afecta muy negativamente a la generación de recursos propios por parte de esos estados.
Sin embargo, y pese a ello, antes y después de la cúpula de Barceló, nadie se ha planteado, en el marco de la refundación del sistema financiero internacional, contar como premisas con estas evidencias. Nadie ha puesto sobre la mesa, incluso como un elemento impulsor de la riqueza mundial, la necesidad de invertir contra la pérdida de los recursos naturales, la modificación de las pautas climáticas del planeta, la sangría que produce en sus países de origen los flujos migratorios incontrolados o la desestructuración social y económica que producen la falta de entidad de los estados de esas zonas. Como tampoco Europa y el llamado norte acaban de tomar conciencia de que no hablamos de desarrollo como una forma de caridad ni de solidaridad abstracta, sino como una condición indispensable del crecimiento y estabilidad del mundo rico, en un mundo marcado por la globalización.

Tan solo si nos alejamos de nuestra actitud timorata y huidiza solo cimentada en gestos podremos iniciar el fin de estos problemas. La población de occidente debe tomar conciencia, y sus gobiernos a la cabeza, de que deberemos afrontar sacrificios, de renunciar a muchos de nuestros lujos y comodidades actuales, de sacrificar parte de nuestro lujo creciente, para construir un futuro más positivamente duradero. Solo así generaremos los recursos necesarios para afrontar un gigantesco plan de rescate de la humanidad olvidada, que genere, mediante inversiones masivas, grandes dinámicas de desarrollo duradero. Dinámicas no solo económicas, sino educativas y sociales, que afronten en todo el planeta los grandes retos aun aparcados, como el desarrollo de las infraestructuras de transportes, medioambiente, sanitarias o educativas, la promoción e igualación social de mujeres y niños, la lucha total contra las enfermedades endémicas o la ordenación de los flujos migratorios, evitando convertir el derecho a la libertad de movimientos en una obligación, evitando convertir la globalidad en un juego de muerte y favoreciendo las transferencias financieras de los emigrantes.

Nada es fácil, y esto no lo será. Deberemos luchar contra la resistencia egoísta de gobiernos y poblaciones a afrontar sacrificios presentes. Deberemos acabar, y podemos, con la corrupción generalizada en los gobiernos destinados, irónicamente, a la protección en esos terrenos de los ciudadanos y el desarrollo de esas políticas sobre el terreno. Deberemos poner freno a la evasión y el fraude fiscal masivos que practican las multinacionales que ahora rescatamos de sus excesos con el fruto de nuestro trabajo diario y honrado, lleno de privaciones. Deberemos olvidarnos de abandonar la cooperación en manos de ONG y manos privadas para realizar ingentes esfuerzos públicos de inversión. Esfuerzos para los que nos hemos comprometido, y en los que tan solo cinco países de de la OCDE están hasta ahora comprometidos, y eso que solo deberíamos destinar el 0,7% del PIB nacional. Deberemos afrontar el inmenso desafío medioambiental que se abre ante nosotros, asumiendo nuevos sacrificios en el uso de la energía y la tecnología. Deberemos recordar a cada instante la memoria de millones de seres humanos que todavía morirán en este camino. Deberemos entrar en combate, implicarnos, renunciar y asumir sacrificios. Deberemos actuar y dejar de conformarnos con tan solo oír palabras, a cada instante.

domingo 9 de noviembre de 2008

Obama y los sueños

Sueños son sueños, parafraseando a Helenio Herrera. Aun cuando los retos que se abren ante Obama son inmensos, tanto por la grave situación financiera, política y moral que vive el mundo, como por los inmensos obstáculos y prejuicios que se abaten sobre su mandato, un nuevo camino se ha abierto. Por su raza, y por sus ideas.
Y es que quizá no sea tan importante el color de su piel, que lo es en el mundo de los gestos y las mentalidades, como su disposición ante el poder, su enfoque. Obama esta creando expectativas, sueños, ilusiones en medio mundo, pero comedidas. No ha escondido nunca su fe en el futuro, ni su convicción de los sacrificios y esfuerzos que el destino nos depara. Y para ello no ha tenido rubor ni miramientos en aceptar un hecho incontestable, los gobiernos, máxime en este mundo desideologizado, deben estar compuestos por gestores honrados, experimentados y entregados a una causa común noble, no al saqueo y los delirios de grandeza privada. Y eso se esta plasmando en el diseño de una administración plagada de hombres y mujeres de su partido, de otros, o de ninguno. Al tiempo que plagada de puentes hacia quienes por encima de enemigos, son imprescindibles para los retos que deberá afrontar la humanidad en las próximas décadas.
Pero con eso y con todo, el futuro es muy incierto, y el pasado debe quedar abierto, para recordar que la vida es una acumulación de esfuerzos, de sufrimientos y de pequeños pasos, sin los que las zancadas son imposibles.Los grandes núcleos de población negra de Estados Unidos, han vuelto estos días los ojos a sus caídos en la lucha por lograr un paso más en la normalización de la convivencia entre razas. Miles de flores, y de lágrimas se han depositado estos días sobre la tumba de Martin Luther King, en la Avenida Auburn de la ciudad de Atlanta, frente a ese famoso epitafio que reza "Al fin libre, al fin libre, gracias a Dios. Por fin soy libre".Muy cerca de ese lugar sagrado para la lucha por la igualdad reside otro símbolo de la lucha por la dignidad humana Ann Nixon Cooper, la mujer que a sus 106 años mantiene viva la lucha por que los derechos civiles reconocidos por la ley a las minorías, se cumplan. Y se erradiquen los últimos letreros que en Missouri, Alabama o Georgia, proclaman en empresas y establecimientos "Whites only" o "No Negroes". O lo que es peor, aquellos que sin estar escritos, existen y se sienten. Durante estos años, Anne Nixon Cooper ha luchado, como muchos, no solo por acabar con discriminaciones legales sangrantes, sino con una opresión aun peor, la del analfabetismo y la pobreza que condena irremediablemente a la marginalidad a las minorías, y que fuera de Estados Unidos, condena a países enteros, y es que la ley sin el alma cultivada no es nada, como dice Martieri.
Obama no es ciego a esa realidad que burla la ley, ni a esos luchadores que, aunque por su estética y radicalidad resulten políticamente inconvenientes, son parte de su triunfo y de su futuro. Y en ese terreno de la cotidianidad, de la educación y de las actitudes de barrio se va a dilucidar parte del futuro. Obama lo sabe, y sus detractores también. Los analistas y los grandes políticos mundiales recelan de un sector de la sociedad americana que es difícil prever como asimilará el entregar su destino a un presidente negro. Se discute abiertamente en algunos medios, y se apuesta en algunas empresas de juego sobre cuanto tardarán en matar al Kennedy negro. Sin reparar en que el peor riesgo de asesinato no existe en perpetrarle sobre Obama, sino sobre la mayoría silenciosa de ese país y de todos. Bush se va, pero se queda, y con él sus intereses, vicios y sustentadores.
Una pieza clave en la ejecución cotidiana de la ley son los tribunales. En el sistema americano, los miembros del Supremo son vitalicios, y Bush ha constituido un núcleo conservador que minará cualquier medida de reforma y progreso radical, que la situación exige. Hace meses el Tribunal Supremo ya dictaminó en contra de los programas educativos que buscaban en Estados Unidos el desarrollo educativo y formativo de las minorías, paso sin el cual su papel seguirá siendo gregario. El alto tribunal argumento para frenar esta reforma educativa que la raza no podía ser causa que determinase la escuela a la que podían ir los estudiantes, uno de los derechos civiles más importantes y claves para el nuevo mundo que se pretende construir. El resultado ha sido que los jueces conservadores han desmontado los programas educativos de Seattle, Louisville y Kentucky, encaminados a lograr la integración de las minorías mediante la diversidad racial en los colegios públicos. La sentencia no es única en la deriva conservadora del tribunal que dirigen el Juez Presidente, John Roberts, y el Juez Asociado Samuel Alito, los dos hombres clave designados por el presidente George. W. Bush, y que afecta a temas clave como el matrimonio, el aborto o la sanidad pública, uno de los ejes del nuevo estado que propone Obama. Y no es solo un retroceso en los avances conseguidos contra la segregación racial desde la histórica decisión de Brown v. Board de prohibir la segregación racial en las escuelas en 1954, es un retroceso en la lucha contra la marginalidad y la pobreza que impide la promoción y la participación de millones de hombres y mujeres en el futuro del mundo. Algo que no solo ocurre en la lejana Ámerica.
Hoy el mundo, mientras aplaude la llegada de Obama, como quien recibe a un salvador, en un nuevo y cínico ceremonial de “Bienvenido Mr. Marshall”, olvida en su propia casa lo que reclama en la del vecino. Las esperanzas del mundo quedan así depositadas en el gran hermano atlántico, y en una reunión de jerifaltes que refunden el capitalismo y la democracia, sin reparar en como discurre nuestra vida cotidiana, muy lejos de ese sueño, sin reparar en las responsabilidades que sobre el pasado y el futuro tenemos los europeos y las demás potencias mundiales, y sin reparar en quien fue el culpable, por seguidíimo, inoperancia o ceguera de la situación actual, que es algo más, dicho sea de paso, que la crisis de cuatro bancos supermillonarios y cuatro ejecutivos ambiciosos cuya vida no caminara a la tragedia, como la de millones de inocentes afectados por el desorden creado en bancos, industrias y campos de batalla. Seria interesante averiguar cuantos alcaldes, concejales o cargos políticos medios están ocupados en la vieja Europa por miembros de las minorías raciales más castigadas por el analfabetismo y la pobreza. Seria vergonzante contar cuantos sueños, de los que admiramos o reclamamos a Estados Unidos han sido enterrados en Europa, y cuantos Obamas hay entre nosotros abandonado Europa.

lunes 3 de noviembre de 2008

Jaque a la reina

Suele contar Feliciano Martieri, un venerable escritor uruguayo de inmaculado juicio, que la critica es precisa en la vida humana, pues mucho antes que dañar y corregir a su destinatario nos desnuda y expone a una reflexión imprescindible sobre nosotros mismos, los que la ejercemos.
Estos días, los ecos de las páginas de Pilar Urbano sobre la reina de España, han recorrido el mundo, hasta tal punto que la prensa uruguaya ha vencido su tradicional aversión hacia España, para ayudar, un poco más, a la lapidación de Sofía. Lo sorprendente es que uno no puede imaginarse a nadie con tan mala baba, como para urdir tan ruin regalo de cumpleaños a quien, eso dice Pilar, es una mujer admirable con la que la unen confidencias y admiración. Menos mal que no la odia. Evidente resulta que Pilar Urbano ha utilizado de manera intencionada una exposición privada de ideas y sentimientos de la entrevistada. Ideas y sentimientos que, quizá, hubieran no trascendido, al menos tanto, si no hubiera mediado la avaricia de quien hace años, años, y me refiero a Pila Urbano, se encuentra en un discretísimo quinto plano, del que ha querido salir explicando en rueda de prensa los detalles que han mostrado los medios, para estar bien segura de que no pasarían desapercibidos. Todo ello en el momento en el que el foco de estos estaba colocado sobre la monarca, tanto por su aniversario, como por la celebración de la cumbre iberoamericana, de la que ella y su marido eran protagonistas por muchas razones, las secuelas del porque no te callas entre ellas.

Si bien es cierto que Pilar Urbano ha carecido en esta situación de altura moral, la reina no se ha quedado atrás en cuanto pericia y experiencia, pues al fiarse de una periodista y confiar en que esta distinguiría lo privado de lo público, ha actuado con más candidez que una becaria y, desde luego, a mucha distancia de la habilidad que su experiencia cabria conceder. Capítulo a parte es el comportamiento de la casa real, y más concretamente de sus servicios de prensa y asesoría, donde el veterano José Cabrera, secretario de la reina y la secretaria de este, Susana Cortazar, han demostrado una escasa capacidad para gestionar la situación. Primero no calibrando las consecuencias del libro en su gestación, después en una supervisión ramplona del manuscrito que Planeta envió a Zazuela para su visto bueno (si es que es cierto que tal manuscrito coincidía con el original, cosa que esta por ver), y posteriormente en la manera de enfriar la polémica, máxime en estas circunstancias. Circunstancias muy poco propicias para una institución que ha pasado de un anonimato bíblico, a convertirse en carnaza de la prensa rosa y objetivo de la izquierda republicana. En ese “Totum revolutum” en que Rodríguez Zapatero ha convertido la política interna española, la monarquía ha pasado de ser garantía de estabilidad y símbolo del nuevo estado democrático a tema preferente entre quienes aspiran a refundar España, aunque nadie sabe bajo que supuestos, para lo que la monarquía sobra. En esas circunstancias, Pilar, una opusina conservadora y monárquica ha aparecido como el ángel guardián de Anguita, y Sofía como una jubilada californiana, de vuelta de todo y a quien poco importa nada. Ni la avariciosa traición de una, ni la suficiencia de la otra son adecuadas para el país.

Pero, al margen de las circunstancias concretas del acontecimiento, un problema mayor subyace en todo este pleito. ¿De que se puede hablar hoy en España?. Y aun más preocupante. ¿Qué criterios, opiniones y valores no se pueden mostrar?. Pocos países occidentales, salvo Estados Unidos han desarrollado una autocensura y una limitación a la libre expresión tan grande como España en los últimos diez años. Es una censura cultural y social, no legal, cuya trasgresión no provoca un castigo (salvo que llames ladrón a algún famoso), sino un rechazo social que te mancha de forma vergonzante. Se pueda admirar a cierto director de cine, pero no a otros, independientemente de la obra concreta que hayan alumbrado. Se puede criticar a personas de cierta orientación sexual, pero no a las que han optado por otra, como si la historia pudiera vengarse dando bandazos. Se pueden sacar las vergüenzas de este, pero no es correcto de aquel. Y en ese contexto cultural, el de lo “políticamente correcto”, desentona la entrevista de la reina. No es prudente que un jefe de estado hable sobre temas sujetos al debate político, se posicione sobre asuntos que organizan la vida de las personas o la limitan, o valore aspectos básicos de la vida ciudadana, de manera que pueda condicionar las leyes o soliviantar a sus detractores. Cierto. Tanto como que eso es moneda común en otros estados desarrollados, monárquicos ( la Bélgica de Balduino y Alberto) o republicanos (El Israel de Herzog o la Italia de Pertino o Consiga). No es ese por tanto el debate. Sino que la reina ha expuesto, a titulo personal, no institucional, su parecer, no descalificante sobre asuntos que bien podría haber callado, pero sobre los que ni ha pontificado, ni ha criticado. Junto a verdades evidentes, como que Bush ha sido un desastre que ha conducido al mundo a un abismo militar, político y económico, o que Aznar ha perdido el norte, Sofía ha expuesto convicciones intimas que comparten muchos españoles, pero que no condicionan a nadie, ni fortalecen a nadie, como su rechazo al maltrato animal, su apoyo a las uniones homosexuales, pero sin que esto sea calificado de matrimonio o la constación del hecho diferencial entre hombres y mujeres.

Más la prensa internacional que la española han puesto el grito en el cielo aduciendo que la reina se ha hecho el harakiri, rompiendo la neutralidad de la institución (Clarín de Buenos Aires) o que la reina ha desnivelado el equilibrio social en asuntos que dividen a la sociedad desde hace décadas (La Republica de Roma). Lo que ha hecho es mostrar sus sentimientos libremente, osando contradecir el pensamiento único que una parte de la intelectualidad ha impuesto en España. Y es que hay cosas de las que esta bien visto ser, y de otras no. Y, como diria Martieri, lo mismo ya es hora de que la misma laxitud que tenemos para admitir las tonterías de los famosos y las meces de los políticos, la tengamos para la sensatez de quienes tienen la altura moral de la que carecen sus críticos.

sábado 27 de septiembre de 2008

Breve ensayo sobre la tragedia humana

El drama es una mercancía esencial en el mundo en que vivimos, y lo es porque contiene un irrechazable atractivo para todos nosotros. Quizá porque en el fondo no somos más que los animales de la cúspide del sistema, pero animales al fin, nos gusta.
Con ese morbo que envuelve todo lo humano, nos recuerda lo incontrolable de nuestras vidas, y los retos que el mundo nos presenta, como un salvavidas que nos aleja de la rutina y el tedio. Crímenes, desastres naturales, secuestros, desapariciones misteriosas o tragedias sin cuento, nos hacen temblar mientras retuercen nuestro corazón y nuestras tripas, en una buscada descarga de adrenalina, del mismo tipo que la que pagamos en un parque temático. Es una sacudida en la que buscamos ansiosamente recordarnos que estamos vivos, que no somos parte de una maquinaria prefijada, si no sujetos al albur de no sabemos qué destino incierto que, quizá, quien sabe, nos aleje a nosotros del drama y nos acerque a la gloria al colocarnos ante los focos y la mirada de todos, aun cuando, es lo más probable, solo nos convertirá en espectadores de la trágica, y a veces envidiada, vistosa y contemplada tragedia de otro. Para muchos es un juego que nos asoma a lo más oscuro de la condición humana, nos abre la compuerta de lo censurado por un instante, y entre las tinieblas de agresiones sexuales, venganzas o robos, enciende la luz del alma amable de la humanidad, centelleada en solidaridad, entrega o generosidad.
Decía el psicoanalista Samuel Lepastier que esos grandes dramas que los medios nos acercan cada día a la hora del noticiario son hoy un acto imprescindible para contrapesar las miserias de sociedades humanas, en las que se han diluido las relaciones interpersonales hasta límites alarmantes. La muerte provocada por un volcán, el asesinato vil de una niña, o el abuso sobre decenas de familias humildes de un capitalista sin escrúpulos son útiles para unir a los grupos humanos frente a un enemigo humano y común. Son actos concertados en los que el hombre alivia su sentimiento de fragilidad y vulnerabilidad al sentirse parte de un todo unido por un sentir común. Son experiencias emocionales compartidas que, incluso, llegan a ser revulsivos para cambios importantes del orden de las cosas, en el nivel emocional, en el de los comportamientos o incluso en el de las leyes.

Claro que el instinto tira, y no siempre la propensión a admirar el drama es tan loable. Escribía, no hace mucho, Jean-Pierre Winter, que en el fondo, esa pasión por presenciar el crimen, tan visible en los remolinos de gente que sobrevuelan un suceso en cualquiera de nuestras calles, tiene una explicación, generalmente más inquietante. Y es que a fin de cuentas, nuestra irrefrenable tendencia a la vida colectiva, impone ciertos peajes. Uno de ellos, la renuncia impuesta a pasiones como violar, matar o plasmar la ambición o la venganza en un acto infame. Pues bien, que mejor que saciar ese instinto reprimido en la vida de otro. Mucho menos arriesgado, qué duda cabe. Y es que no podemos negarlo, en la edificación de nuestra personalidad, en la de cada uno de nosotros hay una dolorosa renuncia a las pulsiones que nos vinculan al reino animal del que, no se olvide, procedemos. De ahí nuestra pasión por conocer y degustar lo prohibido o matar o destruir, aunque solo sea en un videojuego. Bien es cierto que hemos construido, durante generaciones, y con mucho mimo, auténticos diques emocionales, morales y sociales contra esas tendencias destructivas para el tejido social. Diques llamados educación, cultura o valores ciudadanos. En el fondo mentiras que pocos creen, y que, cuando se conculcan, vivimos con gozo en los actos que los más osados, inconscientes o valerosos se atreven a ejecutar, desafiando el corral de normas que hemos tejido con suma paciencia. Y, aun más, nos satisface el drama, más allá de su contemplación como un alter ego, por aliviarnos ante la constatación de que nosotros hemos dominado esa bestia que nos habita, y que otros, más débiles, claro, no han podido domesticar. Esa famosa frase de “yo no soy así”.

Nos fascina que otros humanos, semejantes y próximos conviertan en tangible , en un acto furtivo e inesperado todos nuestros fantasmas escondidos, a la vez que, como suele recordar Serge Garde, nos acercan a una necesaria reflexión sobre nuestra fragilidad y sobre el limite a nuestra ambición y nuestra soberbia tecnológica, un límite llamado muerte. Una realidad negada u ocultada por la sociedad actual, y sin embargo fija en nosotros, como el foco lucernario de un teatro. Una realidad de la que no nos aleja ni el favor popular ni el dinero, y que nos tranquiliza cuando ataca a los tocados por la fama, al darnos el alivio de que, al menos, la desgracia es democrática.

Sin embargo hay algo más inquietante que el hecho mismo de nuestra admiración por el drama ajeno y es nuestro comportamiento discriminatorio ante la naturaleza de este. Pocos se atreven a manifestar en público otra cosa que no sea repulsión ante el crimen más antinatural y abominable de todos, siento todos de igual catadura, el que se ejerce contra una mujer, pues ataca el origen mismo de la vida. Y hasta en eso el mundo moderno ha cambiado su sino. Y es que Cain mato a Abel, y bien caro que le costó, pero ¿acaso alguien hubiese osado asesinar a Eva?. Hoy si.
Más allá de contra quien se ejerce la violencia y de quien sufre el drama, hay algo que me perturba más, y es la mirada del espectador. Hay dramas que entendemos parte del guion, asumibles, rutinarios y necesarios casi, por emanar de un mundo ficticio, pues solo existe en el mundo de los haces catódicos de la televisión. Así, ver morir por decenas a niños, soldados o campesinos de cualquier lugar de Asia o África nos fascina, nos atrae o nos conmueve, pero solo durante un instante, al fin y al cabo, mañana habrá más, no es tan excepcional, sino un rasgo más de esas vidas, condenadas, como las de los gladiadores de un circo, a entretenernos con sus desdichas. Pero que la tragedia sacuda nuestro mundo es otro cantar. La vida de una española, sacudida por el desgraciado de su compañero, al que ella, emocionalmente atada, permitió ejecutar, nos inquieta más, porque es más posible que golpee nuestras vidas, que los lejanos efectos colaterales de nuestras tropas en el lejano y virtual Afganistán. Lo irónico es cuando Afganistán está entre mostros, y lo apartamos. Fijaros, ha pasado tiempo desde que desapareció Jeremy, un niño canario de siete años. No mucho después desapareció Maddie en Portugal. En este tiempo en que hemos sido testigos de ambos dramas, nuestra actitud ha diferido mucho ante ellos. El primero era el hijo de una familia humilde, la segunda de una acomodada. Maddie alcanzó muy pronto el favor y el auxilio de deportistas, artistas y hasta del Papa. Por ganar, ganó hasta el tiempo del gobierno, en cuya representación el ministro Rubalcaba recibió a sus padres en Madrid. Jeremy, cual niño afgano, solo ha servido para animar las páginas de sucesos, cuando poco más podía rellenarlas.
No alcanzo a concluir un pensamiento que aporte luz sobre nuestros comportamientos, solo una profunda e intensa sensación de pena, por una humanidad, a la que pertenezco, que acuna su ocio en el dolor ajeno, y otorga a cada drama el oro, la plata y el bronce de aliviar nuestros instintos.

sábado 23 de agosto de 2008

Crespones ciegos

Somos humanos, y como tales imperfectos. Por lo que la parca siempre nos encuentra, sobre todo cuando alguien nos la envía. Y eso ha ocurrido en Madrid hace unos días. Solo quienes hemos sufrido la muerte de un ser querido de manera tan súbita y evitable sabemos bien el inmenso dolor que nos lacera. Pero en la vida llorar no lo es todo, y no podemos abandonarnos a nuestros sentimientos más primarios, por muy comprensibles que sean. Los que han perdido deben llorar, el resto debemos trabajar para protegerles y evitar su soledad el resto de sus días, que la muerte es un instante, pero el llanto por ella es eterno, aun cuando sus lamentos se oigan cada vez más bajos.
Sin embargo en esta sociedad en la que todo es inmediatez y premura, no entendemos que cualquier proceso de la vida lleva su tiempo. Decenas de personas, entre sanitarios, forenses, policías o bomberos, en servicio o voluntarios, españoles o extranjeros trabajan sin descanso desde el día del accidente. Cuarenta y ocho horas después la gente, y es humano, exige la identificación de los cadáveres, la justicia sobre los culpables y la clarificación de todo el sistema aeroportuario. Y no es posible. Incluso las pruebas de adn soportan grandes dificultades, como el una niña adoptada, fallecida en el accidente. Y nadie creo que quiera otro Yak42. Averiguar las causas llevará meses. Y aclarar todas las dudas y sospechas vertidas sobre el sistema menos ruido. Pero el bombardeo de comentarios y la presión mediática, ávida de llenar titulares, ejercen una presión y una ansiedad que llevan a la desesperación de las familias, a la eclosión de impulsos primarios, y hasta a la venta de exclusivas por uno de los supervivientes.
A pocos días de suceder los hechos resultó terrible (aun más que las imágenes de cuerpos calcinados y ensangrentados saliendo de las ambulancias, que en el colmo de la sordidez y la deshumanización han servido televisiones y periódicos) el ver como un hombre, que había perdido a sus hijos y a su nieta, se encaraba a la prensa para usarla de altavoz, y entre la reclamación y el desahogo criticar al gobierno, a la compañía y a quien se pusiese por delante. Normal. Es una tensión que o se alivia o te hace estallar. Pero los medios tienen unas obligaciones para con la comunidad, en cuanto defender la verdad, sembrar sentido común y formas opiniones sensatas, no instintos y pasiones. No voy a criticar los detalles del accidente o sus causas, porque, al igual que todos, los desconozco, y si critico la especulación de los medios no voy a hacer yo lo mismo. Y no voy a criticar a los medios de comunicación porque no merece la pena, y hay cosas más importantes. Pero no puedo evitar hacer ciertas reflexiones, desde el respeto a las victimas y a sus familias.
Es habitual en los medios que estos llamen a especialistas o a enterados, para ante estos hechos comentar en programas e informativos, todos los aspectos del suceso. En unos casos para echar luz sobre el hecho, y en otros porquería. Lo que no entiendo es la reiterada presencia estos días, en ciertas cadenas (de la mañana a la noche), de José Maria Vázquez, piloto de Spanair y presidente del SEPLA y Felipe Laorden, técnico de seguridad del Colegio de Pilotos comerciales. En estos momentos tan difíciles, Vázquez ha explicado a Antena3 (en varios programas) y a El País, que yo sepa, cosas realmente inquietantes, sembrando grandes dudas no solo sobre su compañía, sino sobre todo el sector aéreo. Justo en estos momentos en los que las familias sienten ansiedad ante la falta de respuestas, y no precisan aun más preguntas. Según estos señores la presión de las low cost, y la mala situación del mercado, ha hecho que todas las compañías bajen presupuesto. Y como hay ciertas cuestiones que están al límite y ya no se puede bajar más (el handling, el combustible, en caso de usar el sistema de hedging o aseguramiento o los equipos), solo queda para ahorrar unas monedas el recortar personal y mantenimiento. Hasta el punto de que, según ellos, en muchas bases operativas no hay mantenimiento ni mecánicos, por lo que las revisiones obligatorias antes de cada vuelo se reducen a lo que en el argot se llama “line Check”, esto es, una revisión ocular de los pilotos al perímetro del aparato (presión de ruedas, alturas de amortiguadores, grietas y fugas..) y todo a ojo. Son afirmaciones muy serias que abonan la teoría de ex empleados y pilotos que han hablado estos días de las condiciones en las que se vuela, y en las que entraban salidas de emergencia bloqueadas, mala limpieza y reparaciones con silicona y cinta adhesiva. Terrible. Terrible que esto este ocurriendo. Terrible que se diga en medio de estas circunstancias y en medios de masas, para abrir más aun, si cabe, las heridas de los que sufren. Terrible si es mentira, por manchar el buen nombre de mecánicos y directivos, al menos de forma generalizada. Y terrible por lo que le toca al gobierno.
Todo lo que nos rodea se guia por criterios económicos, y quizá sean ellos en parte culpables de lo que ha ocurrido, pero solo quizá. Y ni la administración pública se libra de esa lacra. Unos días antes de irme de Madrid, Álvaro Diez Recio, un buen amigo, me contaba las dificultades con que se encontraba en su puesto de trabajo como médico de familia, dado que la inspección le había abierto un expediente por, según ella, enviar demasiados pacientes a especialistas. ¿Cuántos son demasiados?, le pregunte. Demasiados es más de lo que marquen los límites establecidos por la gerencia, en base a un criterio económico. Es más, en ciertas autonomías, usar muchas ambulancias, recetar ciertos medicamentos (que para ciertos pacientes, dado su historial, pueden ser mas recomendables) o dar traslado a especialistas a sus pacientes, puede ser motivo de amonestación o de sanción económica. Pues bien, si el estado tiene ese planteamiento en sus propias empresas, no me extraña que las aerolineas apuesten por esa solución, aun con los riesgos que eso implica.
Y es que somos muy contradictorios. Por un lado nos lamentamos cuando ocurren estas catástrofes, pero poco hacemos antes para evitarlas. Y por no revolver más, no recordemos como aviación civil y la comunidad de Madrid quedaron con el trasero al aire en el caso Air Madrid, empresa cuyas irregularidades llegaban al cielo, nunca mejor dicho. Pues de poco sirvió, a la luz de lo que ahora se pretende usar como causa de este drama. Y somos contradictorios cuando el gobierno, no se si para distraer, acusa al movimiento olímpico de insensible, dando cancha a los medios de comunicación para tirar de orgullo y encender aun más velas al diablo. Que yo sepa, D. Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico español, fue el primero que, para agradar al amigo chino, reunió a sus huestes y las leyó la cartilla a base de bien sobre que no dijeran ni esta boca es mía durante los juegos sobre nada que no fuera deporte. Sabido es que el espíritu olímpico griego, el de verdad, y no esta pantomima de profesionales, era un momento de paz que paraba el mundo y sus conflictos. Hoy hemos pasado del espíritu olímpico al espíritu burbuja, aquel que dice que los juegos deben aislarse del mundo, dado que poco influyen sobre él, véase Georgia. Pues si España había advertido eso a sus atletas, había asentido en la prohibición a georgianos y estadounidenses de portar crespones ante la guerra de unos y el drama en la selección femenina de voley en otros, ¿a que viene pedir minutos de silencio, banderas a media asta y crespones ahora?. ¿Es que nuestro dolor es distinto?. ¿Es que no hemos asentido en meternos en esa burbuja?. Pero es que más que contradictorios somos ciegos. Y se que voy a escribir algo políticamente incorrecto, pero así lo siento. Siento como propio el dolor de esa gente, que tan lejos, en mi patria, sufre ante la muerte de los que más querían. Tanto como sufro y lamento el dolor de quienes quedan en desamparo al morir su padre en una obra, por falta de inspecciones de trabajo o escrúpulos de un promotor. Como lamento la muerte de quienes mueren en nuestras carreteras, muchas de ellas llenas de deficiencias criminales. Como lamento quien muere en la espera de una lista que nunca acaba, esperando ser sanado en un hospital público. Pero para ellos no hay minutos de televisión, ni periodistas justicieros, ni siquiera un presidente Zapatero que lloroso y compungido prometa justicia y una investigación a fondo, no ya en una compañía privada (que AENA, por cierto, no lo es), sino en sus tercermundistas carreteras, en sus obras o en sus listas medicas. No quiero pensar que el dolor o el drama se mida por el número de ataúdes. Que la muerte de ciento cincuenta y tres personas es peor que la de una. Que morir en grupo hace el drama más intenso y el dolor más desgarrado que morir solo. Que morir en un instante es más horrendo que morir semana a semana, en una cuneta. No quiero pensar, que solo debo sentir, pena.

domingo 6 de julio de 2008

Mira que eres miserable

En estos primeros días del verano, Lekeitio, la villa ballenera que reina en la margen izquierda del Lea, la que fue retiro de la emperatriz Zita de Austria, la que cada septiembre festeja arrancando cabezas a gansos vivos, celebra sus tradicionales fiestas patronales en honor de San Pedro. Su puesta en escena recuerda a las bramantes guerras entre los gamborinos y los oñacinos de Ondarroa. Las guerras banderizas que con la Isla de San Nicolás de testigo “animaron” la baja edad media vizcaína, en un preludio del enfrentamiento entre las dos Euzkadis, la industrial y moderna y la rural y apegada a la trainera y el olor a roble.
En el fondo, poco han cambiado las cosas en estas tierras bajas de Euzkadi. De hecho, hay quien dice que aun no han salido del neolítico, como una parte de Euzkadi. Y es que las gentes de tierra a dentro siguen depredando al pairo del ganado. Mantienen sus viejas costumbres solidarias, esas que permiten que familias enfrentadas y miradas con ojos ensangrentados, se presten auxilio en cada cosecha o cada burla del destino, aun cuando no se hablen. Un trabajo solidario y comunal, superpuesto a un carácter individual, altivo y orgulloso, el mismo que ha tornado las actividades cotidianas, más rutinarias y terribles, en signos de identidad y comunidad, como arrastrar piedras, exprimir bueyes o cortar árboles. Signos donde la apuesta y el desafío se entroncan con un sentido arraigado y convencido de la convivencia con el medio natural. Si bajamos de los valles interiores a la costa, Lekeitio sigue siendo un buen ejemplo de esto. Desde su imponente y desproporcionada iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Santa Maria, signo vivo de la importancia medieval de la villa, sale cada año la procesión de San Pedro. Tras danzar el Kaxarranka Los mozos pasean al santo por el puerto en un acto de exigencia, no de petición, de pesca, salud y paz. Llegados al puerto, los mozos hacen tres ademanes de tirar al santo a la ría, como las tres negaciones de Pedro, en un claro aviso de que o les protege o aprende a nadar. Lekeitio, como tantas zonas de Euzkadi, han deambulado por nuestra reciente historia, al margen del progreso, de la industrialización y de los cambios que esta trae, en la visión, además, de que estos solo han beneficiado a los señoriítos de la villa de Diego López de Haro, a los italianos que trajeron las conservas o a los ingleses que se llevaron el carbón, tañido con la piel de los carboneros vascos. Un fresco impresionante Lekeitio, de la raíz de un pueblo noble como el mío, pero con una mezcla explosiva de inmovilismo y rencor.
Lo peligroso en estas situaciones, no son los pueblos que las viven, sino las hienas que las cultivan, prestos a recoger en ellas la flor del odio, y entre sus pétalos, el néctar del poder.
Describía Marión Wells, en sus “Cuentos de Chester”, y entre los sórdidos personajes de su obra, el de un recurrente cretino de mirada viscosa, que acostumbraba a reinar entre las muchedumbres de su aldea, entre el fanatismo inducido en ellas, la ignorancia cultivada y la siega de cabezas entre los rebeldes, los díscolos, o los neutros.
Siguiendo ese patrón, y como, también, recién sacado de un trabajo sobre la psicología de la soberbia de Enrique Rojas, el ex presidente del PNV Xabier Arzalluz se ha despachado a gusto con una crítica rastrera y difamante contra el otrora presidente del PNV Josu Jon Imaz, nombrado hoy por Repsol, como nuevo presidente de Petronor, su filial vasca de hidrocarburos.
Arzalluz, una de las causas mas hondas de las vergüenzas de Euzkadi, ha construido un discurso miserable, que ha sustentado a partir del trabajo que Imaz ha venido desarrollando en estos meses que median desde su marcha de la presidencia del EBB. Y es que en este tiempo, Imaz ha estado trabajando en la Kennedy School de la Universidad de Harvard, donde ha elaborado varios trabajos sobre temas energéticos. Arzalluz ha venido a decir que el ex presidente del EBB ha estado haciendo méritos, poniéndose al servicio de la multinacional “española”, para mendigar un cargo empresarial, que seguro ha tenido un precio político, en lo que Arzalluz ha definido como "un mal ejemplo para la juventud que cree en Euskadi". Como si crear riqueza, desarrollar una gran empresa y cuidar el medio ambiente y el empleo fueran un mal ejemplo. Quizá si para los Kale borrosos.
El ataque de Arzalluz no es una lícita reflexión pública sobre el trasvase de políticos hacia el mundo de la empresa privada, y las consecuencias y condiciones de ese tránsito. Hecho que trata la ley y que en este caso es irrelevante, pues Imaz desempeñaba hasta hace unos meses un cargo interno de un partido, no una representación institucional. El desenvaine de navajas del viejo jesuita responde más al choque entre Lekeitio y Bilbao. Entre dos concepciones de un país. Entre quienes han hecho del clientelismo, el analfabetismo y la cultura del miedo el águila de su bandera, y quienes defienden la identidad de un pueblo y el orgullo de una cultura como dovela clave de una sociedad inserta en la modernidad, que aspira a emplear sus muchos méritos para no ser comparsa sino protagonista del mundo en que vive, sin renunciar a nada, sin odiar a nadie, sin desperdiciar ni cerrar nada.
Los partidos deben brotar de la sociedad y analizadas sus necesidades, y anticipados sus futuros, ayudar a los pueblos a progresar en paz. Esa fue la visión de Imaz, muy alejada de un partido anclado en lo ideológico, inmóvil en lo social y difuminado en la gestión, que aun no ha superado los traumas de las rupturas nacionalistas de ETA y de Karlos Garaicoetxea, y que atemorizado por la sola mención de perder el poder, vive preso de este.
Hoy, cuando los seguidores de Imaz seguimos vivos, y con las ideas de renovación intactas, el viejo Aita no ha pedido la oportunidad de intentar abrir una herida en el costado, para rematar a su enemigo.
Lastima que Xavier no explicara en su día los méritos, que a Imaz niega, de su hijo para formar parte del consejo de CAF y presidir la Denominación de Origen Txakolí de Bizkaia. O los méritos de su hija para trabajar en el museo del modista Balenciaga en Guetaria, donde fue ¿testigo? de la desaparición de varias piezas de la colección del modisto. Lastima que no nos de claves para entender los méritos del ex lehendakari José Antonio Ardanza para presidir Euskaltel al final de su mandato. Lastima que aun no podamos tener explicaciones de por que Arzalluz no tenga a bien criticar al mismo Ardanza por construirse un chalet en zona protegida, tan a bien como hacerlo con los jueces que tratan el caso. Lastima que tengamos que seguir oyendo, de vez en cuando, ese eco desentonado de la prehistoria de Euzkadi, en el blog de Anasagasti, o en el verbo de Arzalluz. Claro que eso, no son malos ejemplos para la juventud vasca.

domingo 22 de junio de 2008

La roja

Bajo un sol tímido, y entre el frío que el mar nos trae un día más, Montevideo ha estado esta tarde en silencio, por mor del fútbol. Medio país, si no más, ha estado esta tarde pegada a sus televisores y a sus radios, si no había conseguido antes una de las preciadas entradas que permitían presenciar, en el estadio Centenario, uno de los encuentros del año. Peñarol jugaba su última carta ante Defensor, con el título anual en juego. Y lo perdió uno a dos. Peñarol dejó así la puerta abierta para que el miércoles, en la segunda final, los violetas se lleven la copa para casa. Pero mientras el estadio bramaba, las casas se encendían en ardientes gritos de guerra, y los hinchas saturaban las webs con sus comentarios acusatorios hacia el rival, sobre compras de ligas y marrullerías varias, que casi siempre salpican a lo político, unas pocas decenas de españoles abrazábamos el rojo en Melilla. Melilla es un pequeño barrio de la parte alta de Montevideo, donde la Casa de Galicia ejerce de nostálgica estación de trenes cargados de recuerdos. Hoy, los aventureros, los desterrados y los Sancho sin Barataria que añoramos España, nos hemos acurrucado en silencio, casi de forma reverencial y litúrgica, ante la imagen traida por un satélite, y que nos acercaba a casa. En la mayor ignorancia, pues la mayoría desconocemos el noble arte del balompié, hemos empujado a Cesc, hemos gritado al Niño, hemos sentido impotencia con Ramos, hemos notado el dolor de Silva, el sudor de Villa, el salto de Iker y el aliento del gigantón Luca Toni, en la nuca de Pujol.
Podía contaros la sensación de timidez que, en la distancia, despedían en los primeros instantes nuestros hombres sobre el césped del Ernst Happel. Podría contaros los fantasmas que nos envolvían la cara, como en Corea 2002, Inglaterra'96 o México'86. Podía contaros la impotencia de ver como un equipo que acariciaba la bola se estrellaba contra la banda de Aquilani, Ambrosini, Panucci o de Rossi, que ajena a la dignidad del juego, esperaba y desgastaba al contrario sin rubor y sin gloria. O podría contaros como Fandel se tragaba las tarascadas de los azurra. Pero eso ya lo habéis visto vosotros. Lo que no habéis visto, es como cada día, el lugar de encuentro de los españoles de Plata, es la cita de sus disputas, de sus desencuentros y de sus rifirrafes por Zapatero, por Euskadi, o por Rouco. Como absurdamente, al caer la tarde, nuestros cafés son testigos de cuanto nos separa absurdamente, y como, hoy, de tanto como nos une. En el fondo estoy convencida que los símbolos son precisos, imprescindible para la socialización de los seres humanos, para la creación de un pueblo. La pertenencia a un proyecto común, la identificación con algo que mira hacia nosotros, para impulsarse hacia adelante se antoja, desde el principio de los tiempos, como la única manera de sobrevivir todo un colectivo humano. Nadal, Alonso, Gasol, solo son nombres de chicos que luchan para ellos, que ganan para ellos y enriquecen, en noble lid, sus vidas. Pero les amamos, porque con ellos ganamos pequeñas ilusiones que nos hacen afrontar los grandes retos de nuestras vidas, nos hacen sentir orgullo de lo que somos y que, aunque algunos lo pretenden inconscientemente, no podemos dejar de ser. Hoy, por algo tan simple como un juego, nos hemos sentido felices, no por ser yo, sino por ser nosotros, y hemos llorado, y vibrado y saltado, mientras medio Uruguay nos miraba con desconcierto, porque unas pocas decenas, nos reivindicábamos como españoles, mal que les pese a algunos. Tengo la sensación de que 23 gladiadores han apostado hoy el alma por mí. Más allá de primas y prebendas han luchado por mí, por todos aquellos que esparcidos por el mundo, o perseguidos en su propia patria, buscamos desorientados una disculpa para volver a ser uno, para devolvernos el orgullo que dolorosamente escondemos de ser españoles. En esta pequeña Euskadi con acento meloso que es Montevideo, poblada de vascos, cada uno en su exilio, hoy la roja nos ha unido, nos ha recordado lo que somos, nos ha recordado que podemos, que podemos convivir, y construir un futuro juntos. Que somos españoles, y que tenemos una historia detrás que mostrar con orgullo. Que cuando construimos, lo hacemos como genios, y cuando morimos, como nuestros compatriotas en Bosnia, lo hacemos como héroes. Y que el camino sigue, y con nosotros.

domingo 11 de mayo de 2008

Matrix rebirth

Internet ha desarrollado la creencia entre la gente de que hemos alcanzado al fin el arma definitiva para la democratización de nuestro mundo, mediante la extensión de un instrumento incontrolable por los poderes fácticos esos de toda la vida, lo que permite la liberación de las mentes y la extensión del pensamiento libre. Sobre tal idea dudas hay muchas. Yo las tengo todas.La web, es cierto, facilita enormemente la participación de la población en las grandes discusiones sociales, políticas y económicas, de una manera antes vetada. Especialmente desde la irrupción de la llamada web 2.0. Y también de abundantes maneras de manipulación encubierta y más extensible que antes.De hecho, los emprendedores, los blogueros y gurús que amanecen como amapolas entre las redes digitales, se dejan agasajar por compañías publicitarias, conocedoras del potencial de segmentación de la red y de la capacidad de esta de hacer llegar hasta el último rincón sus intereses comerciales, mimetizados y asimilados al máximo a su destinatario. ¿Por qué los nuevos creadores de opinión se dejan seducir, y prostituyen sus espacios, llenándolos de publicidad?. Todos poseemos un ansia escondida de fama y gloria. A todos nos gusta sacar unos, algunos o muchos dineros, y todos estamos dispuestos a la filantropía y la revolución, sino trae factura claro. Y es que abrir un blog es gratis. Lo creas, lo mimas y vuelcas en él tus entrañas si hace falta. Pero como el servidor que te dio la vida digital huela de tu éxito, y tu tráfico se desmande, se acabo el amor al arte, y nació la factura, 700 euros anuales de alojamiento. Así que a buscar un padrino, aun a costa de empapelar de publi tú site.Y no solo una explicación tan sencilla justifica el fraude que esconde la red. La mayoría de las 120.000 paginas que nacen cada día dicen cosas interesantes, al menos para el que lo escribe, pero intrascendentes en cuanto a su repercusión. El todo web es más reducido. Los que marcan tendencia, influyen en el personal y surten de contenidos al resto, son apenas una veintena, en su mayoría estado unidenses, treintañeros y locos por la tecnología. No hablamos por tanto de una red utilizada como ariete de cambio en el mundo, y lucha encendida contra la injusticia, sino como catalogo de cotilleos y muestrario de chorraditas técnicas teñidas de estética indi. ¿Y el resto?. El 43% de los blogs y paginas personales de la web no son personales, tan solo repiten o maquillan contenidos de los grandes, que son los que nos dicen lo que debemos pensar, lo que esta de moda o cuan revolucionarios debemos ser, indicando quien es malo, a quien hay que poner a parir para ser cool o que bandera hay que levantar o enterrar, para que no te miren mal.En ocasiones esta webocracia ni siquiera se fundamenta en contenidos, caso de la millonaria (en visitas y en lo otro), Xu Jinglei, una directora china más famosa que la sidra el gaitero, más que por sus conveniencias políticas, por su hábil y graciosa manera de contar historias. Pues la pava es muy leída, más que los pobres compatriotas que se juegan el amarillo para luchar en la red contra la tiranía de Pekín. Es un caso distinto al de Meter Rojas, el rey Lower East Side neoyorkino, un profesional del blog, que amasa una fortuna tras tirarse 15 horas al día frente a tres pantallas de pc, en las que se informa y rastrea hasta el último rincón de la tierra para sacar los contenidos de su tecnológico Engadget, la Biblia web de la cacharrería. Claro, hoy el bueno de Meter es un fiel siervo de AOL Time Warner, que le compró, y a que precio.
Fue uno de los pioneros en el RSS, el más popular de los sistemas de distribución de contenidos de la 2.0, una verdadera vía intravenosa a chorro de publicidad selectiva para la blogosfera. Pero en este entramado, como siempre ha sido, miles serán la mano de obra barata, y dos o tres los millonarios. RSS, comunidades, empresas de intermediación publicitaria como Blogads o sistemas de intercambio de banners como Plotats, se basan en un truco antiquísimo, curtido en mil batallas de la antigüedad, mandar a la masa a hacer el trabajo sucio.Según Pricewaterhouse Coopers, en todo ese trasiego de información del que sirven de autopista miles de blogs enlazados y reenlazados, muy pocos alcanzan la cifra de las 10.000 visitas diarias, el umbral de rentabilidad de la web publicitaria, el resto, sin saberlo, trabaja para ello, en una ceremonia de manipulación increíble, que muy bien ha definido Frank Warren, fundador de PostSecret, una web no publicitaria, que describe en una de sus investigaciones, como la mayoría de los usuarios visitan lo que les indican sus blogs de referencia, o como la dependencia económica de los anunciantes socava la autonomía de miles de webs.Y la clave no es solo tecnológica, como apunta el periodista Justin Hall, uno de los pioneros del mundo de la bitácora con su ya legendaria Links.net, sino que los grandes emporios comerciales y de comunicación, han sabido utilizar hábilmente la pérdida de confianza en los medios de comunicación tradicionales y el individualismo y aislacionismo de los individuos en las actuales sociedades urbanas.Así, la web ha creado un mundo de libertad ficticia, al menos en sus redes mayoritarias, donde la tecnología predomina como nueva forma de religión, tal como defiende Javier Sádaba, sustentado su matrix en el marketing, el patrocinio y el apoyo de los medios tradicionales, sobre cuya desconfianza ellos se yerguen .Al calor de esta fiebre, miles de devotos fieles del nuevo becerro de oro se lanzan a la aventura de la fama y el dinero cabalgando sobre blogs temáticos y pasiones inconfesables. Y algunos llegan a ser un Mark Frauenfelder, y crear un fancine digital del éxito de su Boing Boing, capaz de generar un millón de dólares anuales en publicidad. O llegaran a formar opinión y aportar sensatez apartidista, como Arianna Huffington, impulsora de un blog con treinta empleados y mil colaboradores repartidos por el mundo, capaz de conseguir la colaboración de gentes como John Cusack, Gwyneth Paltrow o Patti Smith. O serán capaces de simplificar nuestras vidas y nuestro trabajo como LifeHacker, el blog tecnológico de Gina Trapani.Pero la mayoría, solo serán peones de un tablero 1-0-1-0, ya no blanco y negro, sobre el que juega matrix.

sábado 5 de abril de 2008

Entre las piernas

He ahí el rasgo fundamental que mide y talla nuestros actos, determinando de manera clara, cuales de ellos merecen aprobación, y cuales oprobio.1848, una pequeña capilla metodista del estado de Nueva York es testigo del llanto liberador de Elisabeth Candy Stanton, una de las heroínas del sufragismo americano, ante el nacimiento de la Declaración de Séneca Falls, la primera que proclamaba al mundo que "La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella”. Quizá nunca pensó cuan largo seria aun el camino para conseguir una igualdad que, aun hoy, sigue siendo más un deseo voluntarioso que una realidad.2008, Pedro Colomino, capitán del ejercito español, aconseja a la soldado Sheila G. que retire una demanda por violación contra su compañero Miguel Ángel M.G., aduciendo que existió una provocación por parte de ella. Los hechos habían ocurrido en 2005. La presunta amistad entre ambos (presunta por cuanto anteponer el apetito sexual al respeto y la dignidad, no casa correctamente con tal concepto) permitía compartir a ambos bromas y tiempos. Tras desplazarse juntos a Torrejón para realizar unas compras y tomar unas cañas, el joven, de camino al cuartel de Hoyo de Manzanares, empujó a su compañera, la tiró al suelo, la penetró a la fuerza y la abandonó en un callejón, como una alimaña, como un trasto inútil ya usado (claro, el cuenta que fue sexo consentido, y que incluso el enfado de ella, causa de la denuncia, es no haber quedado plenamente satisfecha). Pero lo relevante para el capitán, y presumo que para otros hombres, dentro y fuera de esa institución, no es el hecho, sino el que el hombre respondiese, en la más pura lógica de un mamífero en celo, a un estimulo de la hembra. Nada más. Y puestos a arreglarlo, nuestro querido Pedro Colomino emplea como argumentación ante la mujer, lo lioso del procedimiento administrativo, una vez dada parte a sus superiores, y las consecuencias del hecho sobre la hoja de servicios del agresor, que en el fondo “es un buen muchacho, que no merece los perjuicios que tales sucesos le podrían acarrear”. Para ella, como es mujer, resulta intrascendente ser violada, humillada y colocada en el pim pam pum público, del que sale como una buscona calienta fusiles. Y es que todo está entre las piernas, para muchos hombres es el valor y la utilidad de una mujer, la justificación de las acciones que sobre ellas se ciernen por parte del género masculino, y el condicionante de los actos de ellos, incapaces de poseer sentido, y sentir como hombres más allá de su función reproductora. Hay en todo esto una concepción del sexo, la relación entre iguales y la capacidad de amar, preocupante. Preocupante por cuanto implica un desorden perverso en la conciencia de ciertos individuos, y he ahí donde la ley, y su efecto transformador de la sociedad, muere. La simple posesión de un órgano presupone para algunos hombres una posibilidad de dominio, un elemento capaz de transformar su comportamiento. Lo vemos cuando alguien se pone al volante de un vehiculo, o porta un arma. Y ese concepto, no se corrige con una ley, sino con un largo proceso educativo, que a tenor de lo que se nos presenta, en poco o nada hemos iniciado. Siempre hablamos de la influencia de los medios, de la perversión que sobre el comportamiento hacen los modelos que transmiten películas, videojuegos o programas del corazón. Pero quizá no tanto reparamos en la influencia de quien, teniendo autoridad, conferida por otros o depositada por toda la sociedad, lejos de ejemplificar los valores que esta precisa para sobrevivir o crecer, los pisotea, o alimenta conductas contrarias a la ética natural. No se que me preocupa más en el caso de Sheila, si el calentón de la tropa, o la actuación en frío de su capitán, entregado a echar tierra sobre lo que debería airearse, para escarnio del que cometió el delito, no contra la ley, sino contra la persona. Escribía este fin de semana Maria Sahuquillo sobre la actitud maliciosamente sesgada con que políticos y periodistas han recibido a Soraya Sáenz de Santamaría, con esa frase tan repugnante de "curva, muelle y blandita". Nadie osa hacer mella en la honra de Moratinos, aludiendo a la vejez que se le intuye. Si es posible, sin embargo, emplear a modo de arma la juventud de la nueva portavoz popular, no acompañando a tal comentario el hecho de que con 26 años Sáenz de Santamaría ya había obtenido plaza como abogada del estado, algo muy lejano a la mayoría de sus convecinos de parlamento. Y es que no somos conscientes, como indica Vicente Verdú, que la inducción a una clase de estética, a un tipo de mensaje, e incluso de chanza, impulsa, simultáneamente, una clase de cosmos. Jugamos dialécticamente con la vestimenta de las mujeres que ocupan una posición pública, criticado sus vestidos, peinados y poses, sin reparar en más mérito, algo que nunca haríamos con un hombre. ¿Qué por qué?. Porque la historia y el hombre nos han otorgado graciosamente un papel inalterable de objeto, lo cual ensalza, lógicamente, nuestra necesidad de ornato. La fuerza de la historia, y nuestra contumaz persistencia, han obligado al hombre a compartir ámbitos públicos (que no privados, en los que seguimos resignadas a la soledad del esfuerzo) en los que como protector y maestro muestra una proximidad que más presagia domesticación que coparticipación. Una proximidad que se muestra en ese uso ágil y reservado solo a nosotras del nombre de pila. Un gesto útil en la distancia corta para ensalzar la intimidad, la cercanía, la tolerancia paternal con que se acepta nuestra presencia, no nuestro protagonismo o relevancia. Una familiaridad que permite a nuestro capitán asimilar una violación como el resultado aceptable de un coqueteo, y a nuestros políticos la falda de una mujer como lo más interesante de su trabajo legislativo. Lo que mira una mujer, lo que dice una mujer, no se enrasa o escucha igual que en los labios de un hombre. La ambición, profesional o política se entiende en nosotras como un signo negativo representativo de nuestra baja ralea. En un hombre es la condición indispensable para la proyección de su obra, y la dignificación de su virilidad. Todo ello nos obliga a una demostración constante de nuestras habilidades y de nuestras virtudes, en un esfuerzo hercúleo en cada instante, por abrir a codazos un pequeño hueco a donde asir tan solo nuestra sombra, que el cuerpo es mejor no enseñarle. Es curiosa nuestra fijación por criticar el burka afgano, al menos ellos no esconden en hipocresía sus intenciones. A la mujer se la tapa sin tapujos.Igual la próxima vez, era cosa de empalar el intestino de un cabo, si este nos guiña el ojo, que algo pretendería con ello, o machacar a burlas las corbatas de Llamazares, los peinados de Anasagasti, las hombreras de Zapatero o la barriga de Solbes .Y es que poco han cambiado las mentalidades, que si las leyes, desde que Elizabeth aplaudió la Séneca Falls. Somos madres y mujeres antes que nada, y previo a ello, destino pasivo del deseo del varón, que entiende en cada bateo de pestañas, una señal de apertura del portón de la vida. Sin más merito por nuestra parte, ni más utilidad medida. Y todo disponible y solicito al macho, en nuestro rostro, en nuestro pelo, o entre nuestras piernas, que el cerebro y el alma, siendo femeninos, no cuentan.

sábado 29 de marzo de 2008

Un barquito de cáscara de nuez

“Un barquito de cáscara de nuez” es, sin duda, una de las piezas fundamentales de la banda sonora de mi vida. Nació en la tradición cubana, de donde la familia Aragón la rescató en sus andanzas por la isla en los años cuarenta. Los famosos payasos de la tele la incorporaron a su repertorio en los setenta, aunque escondida tras los pepitos, los josés y las gallinas turulecas de la época.
Seria en el año 1999 cuando la canción alcanzase la categoría de himno en una poética versión interpretada por Emilio Aragón y Miguel Bosé, en aquel disco de tantos recuerdos, que fue “A mis niños de treinta años”. Desde entonces, ha sido para muchos un verso musicado reverencial, que ha pasado del silencio respetuoso, a las versiones de culto, como la ya famosa de Enrique Bumbury en 2004. Pero siempre, asociada a una forma de entender la vida, muy alejada, por desgracia, a la versión oficial.
Me ha evocado sus compases el ver de nuevo otra muestra de ese espíritu, el cortometraje “La Flor más grande del mundo”, una historia en stop motion surgida del talento de José Saramago, el ingenio de Juan Pablo Etcheverry y la magia de Emilio Aragón, otra vez.
“La flor mas grande del mundo”, que El País ha vuelto a poner de actualidad a través de su colección de cortometrajes, es una fabula de belleza extraordinaria y extraña, que refleja el valor de las pequeñas cosas, lo que debería ser el motor de nuestras vidas. Nominada en la última edición de los Goya al Mejor Corto de Animación, es una reflexión sobre un mundo donde las cosas sencillas, la inocencia, la infancia y la pureza han rendido armas al efectismo vacuo, y al interés material. Como si Jeremy Bentham, el impulsor del utilitarismo reinara de nuevo.
El cuento de Saramago ya cautivó en su día a quienes pudimos acariciar aquellas páginas, pero ahora, un elemento añadido a la historia ha colmado al cuento de símbolos y de enigmas. Bajo la delicada batuta de Emilio, sobresale con más fuerza el descubrimiento, la valentía y el altruismo que un niño antepone a un paisaje barbechado por el individualismo, la desesperanza, la violencia y la falta de ideales. Y que estos días se nos han mostrado en Huelva, como en tantos sitios antes.
Ambas obras han tenido a un personaje en común, a un artista que ha completado en sus 49 años un largo recorrido en busca de respuestas a su inagotable curiosidad.
Nacido en La Habana, durante la estancia allí de sus padres, obtuvo el titulo de piano en el Conservatorio Superior de Madrid, continuando estudios de composición en el New England Conservatory de Boston, y de dirección de orquesta con Richard Hoenich. Su imagen pública esta asociada a su faceta de hombre espectáculo, a través de programas de entretenimiento, series de televisión, payaso mudo, o cómico en múltiples proyectos, y a su cargo de ejecutivo, desde el que ha impulsado grandes estructuras empresariales como la productora Globomedia, el grupo Árbol o, mas recientemente “La Sexta”.
Pero esa es una parte menor de su actividad, el lado menos importante, aunque vistoso de su figura. En el año 2000 creó la Fundación Magistralia, de la cual aun es director artístico. Como el propio Emilio la define, “la filosofía de Magistralia reside en que cuanto más tiempo dediquemos a la música, menos se oirán otros ruidos”. Radicada en Oviedo, la Fundación, sin ánimo de lucro, trabaja en la difusión de la cultura musical en la familia, la infancia y la juventud, mediante publicaciones periódicas, exposiciones, organización de conciertos didácticos y becas de formación complementaria a jóvenes músicos. La pasión por la cultura de este hombre ha llegado a utilizar la música como un instrumento terapéutico que consigue importantes beneficios entre personas con problemas mentales y físicos, consiguiendo grandes avances en su sociabilidad, auto confianza, movilidad y desarrollo intelectual. Madrid, sin ir mas lejos, tiene en este momento en marcha un ambicioso proyecto para crear un gran organismo que coordinará las escuelas municipales de música, las iniciativas privadas musicales y los proyectos de cultura para jóvenes, y que tendrá su sede en un modélico centro cultural ubicado en el Palacete de la Quinta de los Molinos, gracias a la labor combinada del Ayuntamiento y de Emilio Aragón, que aporta esfuerzos, experiencia y dinero, a través de Magistralia.
El sueño musical de Emilio ya ha dado frutos en estos años, y no solo por la labor directa con cientos de jóvenes, sino como impulsor cultural. Su primer reconocimiento fue con el estreno en 2001 de "Parks", una obra musical para jóvenes estrenada en el Jordan Hall de Boston. Un año después se lanzaría a la caza de una de sus piezas más ambiciosas, la composición de cuentos sinfónicos. Así nacerían "El Soldadito de Plomo", en 2002, “Blancanieves”, en 2004 y "La Flor más grande del mundo" en 2007. Estas y otras obras han sido estrenadas en varios festivales europeos y americanos, traducidas a siete lenguas, editadas por sellos musicales prestigiosos como Deutsche Grammophon y servido de soporte didáctico en los programas de estudio de una veintena de países.Traspasar fronteras, aunar culturas y tender puentes entre tiempos que alejados y ocultos por el mercadeo cultural de nuestros tiempos, nos impiden aprender de un legado que se pierde en la vorágine vertiginosa de la pseudo creación artística de OT y compañía, es también su objetivo. Muestra de ello, el nacimiento en 2006 de "Bach to Cuba", una rareza musical que empapa a Juan Sebastián Bach en ritmos caribeños como la conga, el danzón o el guaguancó y el joropo venezolano, gracias a la colaboración de el contrabajista cubano Alain Pérez, el extraordinario Paco de Lucía, y los ritmos del venezolano Ernesto "Tato" Ruiz.
Ahora esta inmerso en una pieza religiosa, "El Diluvio de Noé" de Benjamín Britten, o la grabación de "Canciones Líricas", una pieza musical que pretende acercar los textos de Lorca a los jóvenes, dentro del proyecto "Córdoba, lejana y sola".Y todo ello dentro de la cabeza del hombre que compone a menudo para Celia Cruz, Mocedades, Raimundo Amador o Miguel Bosé. Que tiene en su haber casi la mitad de las sintonías televisivas de nuestro país ("Médico de Familia", "Periodistas", "Siete Vidas", "Javier ya no vive sólo", "Casi Perfectos", "El Gran juego de la Oca", "Noche, noche") de series infantiles y producciones cinematográficas ("Esquimales en el Caribe", "Defensor Cinco", "Los Gnomos", "Los Ewoks" y "Droids" de George Lucas), decenas de anuncios, y hasta tres discos "Atrapado" 1993, "Eso es así" 1992 disco de oro y "Te huelen los pies" 1991, cuatro discos de platino).
Este verano, la Fundación Comillas, el invento del inefable Miguel Ángel Revilla, organizó un ciclo musical, bajo el nombre “Caprichos Musicales de Comillas”. Una de las citas ineludibles del ciclo tuvo como protagonista a Emilio. Llegado sin resuello, desde los cursos de la Carlos III en Colmenarejo, la figura amable e imponente de Emilio, como un gran niño, tímido y febril de ilusión, inundo los maravillosos jardines del Palacio de Sobrellano, la noche del 27 de julio, junto a su fiel Joaquín Valdeón. Su Joven Orquesta Magistralia ejecutó aquella noche con maestría 'La flor más grande del mundo', que el mismo narró. Tras el concierto, un Emilio ansioso y emocionado defendía con sus manos volando en el aire, y el balbuceo propio de quien piensa y siente mas veloz de lo que se articula en su garganta, la necesidad de incentivar y promocionar la afición por la música clásica entre todo tipo de públicos, mediante medios que deben ser necesariamente innovadores, didácticos y atractivos.
Concluyó aquella jornada en la plaza de la villa, para tomar en el mítico Samovy, el último café de la noche. Y Emilio seguía contando entusiasmado sus proyectos, al igual que el niño de Saramago contaba la necesidad de que salgamos de nuestras casas, a buscar flores marchitas y hacerlas revivir mediante nuestro esfuerzo personal. Y darlas tanta vida, que al final, sus pétalos se harán tan grandes, que nos darán protección, hasta de nosotros mismos. Y es que vivimos encerrados en una casa ficticia, que hemos construido con la imposición comercial, el aborregamiento de nuestra sociedad, y el acomodo a nuestros gustos más primarios, más fáciles, y más llevaderos sin esfuerzo.
No vamos a negar ahora que somos seres plagados de instintos, y que, posiblemente, nacemos sujetos a tendencias muy primarias, pero que son tendencias que podemos dominar, corregir y utilizar en nuestro provecho. Porque de no hacerlo haremos imposibles nuestra evolución, nuestro enriquecimiento y la obtención de la felicidad verdadera, al ser esclavos solo del instinto, en lugar de ser libres para crear y moldear nuestra vida. Pero hay más, el hecho de ser seres sociales compromete con nuestros actos la vida de los demás, y eso no es admisible, al tiempo que toda la sociedad se convierte, aunque solo sea por autodefensa, en responsable de la educación, con mayúsculas, de cada individuo. Pero eso requiere una inversión moral y de disponibilidad a la que nos resistimos. Debemos y podemos despertar nuestra humanidad, y la música es un instrumento para ello. Porque somos animales sensibles, entregados, creativos y capaces de ver, leer y tocar lo inmaterial, y esa capacidad la debemos potenciar, y ahí la música puede ser una ayuda primordial. No podemos dejar que los jóvenes se eduquen en la máxima de que solo existe lo que se toca, que el placer es inmediato e individual, que sentir es despreciable, y que la empatia es una miseria. Pero de nada sirve mi esfuerzo, el tuyo o el de aquel, si se sirve aislado y en contra de lo que se impone, porque da dinero. Y ahí las familias tenemos culpa, la de abandonar la educación de nuestros hijos a las instituciones o a maquinas que nos eviten el esfuerzo de tocar y vivir con ellos. Las instituciones tienen culpa, las mismas que organizan un concierto, no quiero saber porque, al tiempo que permiten, en completa impunidad, que grupos de jóvenes tomen al asalto la playa que esta a medio kilómetro, educándose en el todo vale. Y los medios tienen culpa, porque colocan el vender y el entretenimiento fácil y seguro, muchos peldaños por encima de la obligación moral de un medio de masas de crear sociedad. Es mentira eso de que al público le gusta más esto o aquello. Es mentira que todos seamos iguales, según para que. Un niño no es igual a un adulto, un analfabeto funcional no es igual a un hombre o mujer cultivados, y no hablo de derechos. Tenemos la obligación de doblegar la voluntad de un niño para que coma pescado y legumbre, porque sabemos que ello le protegerá y nos hará más fuertes como grupo. Pues también tenemos la obligación de educar sus sentimientos y de musicar su vida, por el mismo motivo.
Y mientras aquí seguimos, como un frágil barquito de cáscara de nuez, remando en la tempestad.

domingo 23 de marzo de 2008

Byron estaría en Tibet

Nada tenue es mi infancia. Sobre sus firmes y añorados recuerdos siempre cabe impresionada la figura de mi colegio, del San Ignacio de Loyola. Un lugar luminoso donde me inculcaron el Ikasi, Pentsatu, Hezi (aprender, pensar, educar). Las tardes de mayo, calurosas en Guipúzcoa, eran apropiadas, al entender del padre Argoitia, para ser escenario de uno de sus largos paseos junto a nosotros, en los que el caminar se hacia compañero de disertaciones sobre historia. Era también monitor del grupo juvenil Padre Arrupe, y ahí debía nacer su pasión por las andanzas. Del Colegio a la playa de Zurriola, y tras el paseo, la vuelta. Paraba unos minutos de espaldas al Kursal, y señalando el mar con su mirada, nos contaba la aventura humana, ese legado dispendiado por todos aquellos cuya sola ambición nos gobierna, no el deseo de servir, ni la locura de crear. Había quien en aquellas épocas llamaba al Padre Argoitia, Lord Byron, compilando sobre él aquellas frases de Lady Carolina Lamb que escribían sobre el versátil británico aquello de “loco, malo y peligroso de conocer”. Nada cierto, nada cuerdo, considerar tal a mi buen padre. Salvo que locura sea ver con ilusión la humanidad, y entregarse con trepidante denuedo a su rescate.
“Byron es vuestro ejemplo”, decía reiteradamente. Era la eterna palabra en su boca, mientras entrelazaba tensamente sus pequeñas manos, conteniendo ante nosotros su ilusión por tal figura. Y es que, concluyó hoy, tener por guía a un sodomita, incestuoso y revolucionario, no parece la recomendación más cabal de un educador cristiano. ¿O si?.
La primera vez que visite su tumba en el interior de Westminster, comprendí a mi maestro. «Los amados de los dioses mueren jóvenes», dejaron escrito los clásicos griegos. Y él era amado de ellos. No solo por su poesía, sino por su entrega a la humanidad. Como otros muchos aventureros románticos, Byron abandonó su acomodada vida en las cosmopolitas ciudades occidentales, sus pequeños y grandes lujos, su seguridad y su calor, para embarcarse en aventuras extrañas y lejanas. En riesgos eludibles. Solo por un sueño, y tan solo por una promesa. La libertad humana, que sin dignidad no existe. Combatió en Italia y en Grecia a favor de la libertad de sus pueblos. Respetando sus estirpes y sus ideales, pero contribuyendo a ellos con su ardor, con su dinero y con su muerte.
Como otros románticos, Byron se involucró en la revolución griega de los años 20, aquella en la que popes y campesinos se levantaron en armas contra el usurpador turco. Aporto 4000 libras para levantar un regimiento y, en primera línea, lo dirigió a la gloria, hasta que los dioses, renombrados malaria, se la arrebataron de forma vulgar, en Missolonghi.
Hoy, aquel pueblo no lo recuerda como un ocupante, sino como un hermano que apostó su vida por la de ellos y ganó la eternidad de ambos. Si paseáis algún día por Atenas, detener vuestros pasos en el barrio de Vironya, así llamado en su nombre, y destilareis del aire aun su perfumada piel.
Nada queda de aquello en nuestra cultura. Hoy nuestros guerreros deambulan entre el fango que ante sus botas extienden los gobiernos que entonces, en la era romántica, surgieron de entre las cenizas del despotismo y la desigualdad. Esa misma que nosotros, no solo alentamos, sino pagamos en vidas y haciendas en Congo, Birmania, China o Marruecos.
Que fácil es, apretando un botón, sostener en el aire un país inexistente como Kosovo, rompiendo a otro, derramando odios con calderos de plata y alentando un estado superfluo, incapaz de cobijar y alimentar a sus gentes. Pero cuando el enemigo no es una débil Serbia, o una insignificante Birmania, o una interesante Marruecos. Cuando el pueblo maldito es pasto de un dragón asiático, pérfido y poderoso, nada vale, nada cuenta, nada importa que nos haga ser Byron, levar anclas y poner nuestro pecho entre sus balas y sus vidas.
Europa abandonó a los birmanos, a los ruandeses, a los sierra leoneses, a los saharauis, a los tibetanos, a los hombres de tantos lugares remotos. Y lo seguirá haciendo. Las revoluciones del XIX se construyeron, aunque algunas mal, sobre el ideal de los pueblos liberados. Hoy las aventuras militares se solventan sobre el interés del ocupador, con lo que nunca hay liberados. Y sin embargo el sueño pervive. Se ve en los ojos de quienes en Kosovo, en Macedonia o en Lasha, nombran con devoción al amigo americano, casi nunca europeo, que aparecerá en sus caballos de hierro para salvarles. Mejor que no. Descubrirían muy pronto que ellos ya perdieron el viento de la historia, hoy solo son un negro peón, en el tablero del dinero.
Los nuevos griegos, los atletas modernos, escudados tras las chequeras de patrocinadores que solo leen letras cuando son de cambio, velan armas estos días en espera del asalto al olimpo. Un olimpo sucio y ruin. Vejador de hombres y lacerador de herencias, poblado en rostro de cabezas como una hydra, al que llamamos Pekín. Y mientras nuestros guerreros mueren por nada en Irak, pues nada hemos conseguido, salvo acelerar la muerte, y nuestros héroes tensan sus músculos en la vieja Europa, cientos de tibetanos mueren o sufren en las lejanas montañas del techo del mundo, extendiendo su mano al lar de los dioses, que nuestros libros les han contado, viven en Grecia, en Europa, en la Europa que les ignora, pues ya alcanzó, digamos, su sueño, y el de los demás no la importa.
No abandono esta historia si os digo que azafrán debería ser nuestra lección. Como antaño en América, donde cientos de misioneros murieron defendiendo los derechos de los más débiles, sufriendo la tortura padecida por su Dios, hoy las mareas humanas que por la libertad discurren en Asia, llevan ese color azafrán esculpido. Monjes birmanos, primero, y tibetanos, ahora, se han constituido en los símbolos de la lucha contra la opresión, como en la Grecia de Byron.
Curiosa diferencia la que apreciamos entre muchos de nuestros Roucos, y esos míseros monjes apaleados y vueltos a levantarse para auxiliar a su pueblo, hoy, en plena Semana Santa, en días en que volvemos la mirada a nuestro corazón, buscando en que lejano ventrículo se ha escondido Jesús, para que seamos tan malos con nuestros hermanos, Curiosa la diferencia entre la ostentación vaticana y la mísera celda en la que el Dalai Lama ora y labora en la insignificante Dharamsala.
Dios murió sin cuidados paliativos, proclama estos días un clérigo español, abanderado de la lucha contra la eutanasia. ¿Y eso nos disculpa de no auxiliar a quien sufre?. No somos dioses, solo sus siervos amados.
Me enseñaron que ser cristiana es estar a favor, a favor de la vida, de la libertad, de la justicia, y de Dios. Y en España nos hemos acostumbrado demasiado a ver a nuestros ministros abanderando manifestaciones que van en contra. Contra los que quieren vivir el amor en su propio sexo, contra los que enseñan a vivir en comunidad en las escuelas, contra quienes buscan en el pasado su dignidad. Pero pocas veces a favor. Es una imagen injusta, pues no se atiene al esfuerzo diario de quienes se dejan la vida codo con codo con los más desfavorecidos. Pero es la imagen que transmitimos como iglesia. Nada que ver con los hombres azafrán, que en Rangún o en Lasha mueren a favor de la vida. Como Byron, Como Jesús.

domingo 9 de marzo de 2008

¿Non gaude, Ino?

Donde estamos, Non gaude, es una expresión habitual que hace referencia a la ubicación de algo. Donde esta nuestro cuerpo no merece mucha reflexión, pero en este momento de nuestra historia, donde se encuentra nuestra humanidad, nuestro corazón y nuestro buen sentido se ha convertido en una incógnita.
Los sucesos de este fin de semana, con el asesinato de Isaías Carrasco en Arrasate no han resultado una sorpresa, para nuestra desgracia. Es un drama que antes o después ocurriría, y que nos ha permitido ver, de nuevo, todas las miserias, contradicciones y fracturas de nuestra convivencia, latentes desde hace tiempo, desde hace mucho, y despiadadamente visibles desde hace cuatro años.
Tristes han sido los hechos protagonizados, en el hospital (donde la echaron), en el ayuntamiento (donde no estuvo a la altura) y en la capilla ardiente (donde ni tan siquiera estuvo) por Maria Inocencia Galparsoro Markaide, la Arrasateko alkatea da EAE-ANV ordezkatuz, 2007 az geroztik. Dicho así para que ella me entienda.
¿Non gaude, Ino?. Porque tú no eras así. En medio de esa cloaca en que se ha convertido la izquierda abertzale tu siempre has resultado un elemento perturbador, al que la necesidad de edulcorar candidaturas para que la fiscalia pueda argumentar que no vio nada raro, llevó al salón de plenos de Arrasate tu buen nombre, con la complicidad de los simples de Ezker Batua. Pero tú no eres así Ino. Desde que tu vida echo a andar en Beasain hace sesenta y un años, has buscado la coherencia entre tus acciones y tus ideales, y has pagado injustamente por ello. Pero hasta ahora podías seguir mirando a tus vecinos con la cabeza elevada. Tú no has disparado, ya lo sabemos, pero tampoco has sacada la bala de su cuerpo, ni has parapetado sus frágiles vidas tras tu espalda, una espalda ancha y recia formada por las vidas de los 22000 arrasetarras a los que representas. Pero es más fácil callar y obedecer la voz del amo ¿verdad?. El miedo es libre, pero la dignidad es obligatoria.
No hace falta dedicar mucho tiempo para averiguar la labor que se ha hecho en ese ayuntamiento en los últimos años, algunos meses bajo tu mando, para darse cuenta lo bonito y lo bien que queda organizar un concurso de flores, una conferencia de montaña o distribuir un dvd con canciones y juegos infantiles, que faciliten a los padres trabajar el euskera en sus domicilios. Y casi todas, actividades muy orientadas a la mujer del alto Deva. Actividades que pretenden defender una cultura, extender el protagonismo de la mujer y su vida ciudadana. Y pagar clientelas, adoctrinar, controlar y distribuir dinero de tapadillo entre asociaciones y colectivos ignominiosos, que así llenan la hucha. ¿La mujer de Isaías es mujer?. ¿No necesita promoción social y apoyo?. Ah, que siendo viuda se promocionará mejor. Curiosa tesis. Quizá Ino no te hayas dado cuenta que estamos hartos de vivir en permanente estado de violencia, y que asesinar solo es una forma de ello. Hartos de quien como tú se pliegan a la dictadura de cuatro sinvergüenzas que han sacado a ANV del baúl de karina para cumplir sus arteros intereses, que obligan con ayuda de gente como tú, a hacernos bajar la cabeza a todos, a algunos hasta meterla bajo tierra. Y hartos de tornar la prosperidad en una forma de tomar rehenes, que eso son los vecinos de lugares como Mondragón, lugares que de ser una perla económica y una tierra con un futuro sostenible, se han convertido en el bastión político inexpugnable de los jemeres rojos del Cantábrico. Aunque, recuerda Ino, aun a pesar del miedo, solo un tercio de los electores están de acuerdo con la sumisión que tú representas, tú, precisamente tú, una mujer, y con experiencia, y con ideales, y que tanto ha demostrado su compromiso con esta tierra, en tu casa, y en tu calle. Tú das la cara por ellos Ino. ¿También tú vas a hacer coro a esos txarraldes?. ¿También tu vas a convertir la democracia en una farsa, y la tierra de nuestros padres en una pesadilla, y el futuro de nuestros hijos en un estercolero de odios y opresión a mayor gloria de quienes iniciaron este camino, equivocadamente, en una esforzada lucha por nuestras libertades y hoy son nuestros carceleros?. ¿También tu?. Y digo tambien porque en el camino te acompañan y te han precedido otros, a los que ya damos por perdidos.
¿Non Gaude, Iñigo?. Eres ahora el líder del partido más histórico y referencial de Euskadi. Acabaron las hienas con Josu Jon, y tú eres el hombre del consenso, capaz de liderar al EAJ hasta convertirle en el guía moral y político de nuestro pueblo. Llevamos 30 años gobernando Euskadi, y cientos de sus ayuntamientos, y sus diputaciones y empresas públicas… Y tras tanto tiempo, ¿non gaude?. Estamos en esta campaña electoral desaparecidos, sin propuestas que merezcan el nombre de tales, sin dirigir un discurso capaz de regenerar el país, sin hálito para sembrar ilusiones y recordar a nuestro pueblo que aun tenemos futuro. Medio gobierno va por libre, son consejeros que gobiernan a modo de taifas su coto privado, por el que han pagado el peaje de la investidura. Perdemos población, como el escaño de menos por Bizkaia corrobora, perdemos inversión y aceptamos el chantaje de los violentos en asuntos cruciales como los parques de aerogeneración, o la inversión en la Y vasca de la alta velocidad, por cierto, a la que se opone, con sus secuaces, Ino Galparsoro en el Alto Deva. ¿Y tu donde estas?. Por que Euskadi existe más allá de los suelos enmoquetados del Sabin Etxea. Y todavía nos permitimos lanzar una campaña publicitaria en la que preguntamos “Yo vivo en Euskadi, ¿Y tu donde vives?”. Pues en la inopia Iñigo, en la inopia. ¿Has reparado en el hecho de que el alto Deva fue un feudo ejelkista (primero fue alcalde José Antonio Ardanza, y luego Álvaro Arregui), hasta que Xabier Zubizarreta Lasagabaster, nos dejo a dos velas en 1987?. Y desde entonces allí no gobierna nadie que no sea de HB. ¿Por qué?. Por que habrá que preguntarse que hemos hecho para, por ejemplo en 2007, perder un tercio de nuestros votos. ¿Qué no hemos dado a ese pueblo que nos lo echa en cara cada vez que atisba una urna?. ¿Por que no somos capaces de liderar una alternativa como la que nos permitió rescatar el gobierno de Mondragón a fines de, los 90?. No os importa ¿verdad?, la lucha por el poder en el seno del partido, y no molestar a los dinosaurios es más importante, debe ser eso. Ahora con decir que era también de los nuestros, ya esta. ¡Que frase más bonita!. Que pena que cuando hay que desarrollar políticas que acaben con la marginación, la falta de trabajo o de vivienda o la defensa medioambiental, cosa que secaría el caldo de cultivo del que se nutre ETA entre nuestros jóvenes descontentos, no os acordéis de esas frases tan sentidas.
No pregunto a los partidos nacionales españoles, por que no es cosa de perder el tiempo. Además, Patxi esta muy ocupado en montar numeritos en las capillas ardientes. Es un nuevo oficio, tan curioso como el de sexador de pollos. Consiste en hacerte el machote cuando ves a otro demócrata, delante de la viuda de un asesinado, y rebatirle, en plena jornada de reflexión, y saltando los charcos de sangre, lo que primero el otro te ha espetado, en buena lid electoral. Por que ya se sabe que en España lo de la jornada de reflexión ya pasó a la historia, y los políticos y los medios de comunicación la han rebautizado como el día nacional del navajeo, especialmente los segundos, que esos si que han perdido el norte, hace años.
Esa pose de machote con la testosterona al viento igual es más apropiada en el parlamento, para llamar a capitulo a Javier Madrazo, cuyo fracaso al mando de vivienda y asuntos sociales solo favorece la cantera etarra, o ante Otegui, cuando te ha tocado negociar con él. Y ya no tengo a nadie a quien preguntar, con lo que concluyo nuestra soledad. Porque Ezker Batua solo aspira a tocar poder. Aceptaría cualquier limosna, y cualquier socio con tal de mantener algún cargo público y así evitar su extinción, su desplazamiento total de la vida política. Y el PP es un grupo sumido en la esquizofrenia. De Madrid es mejor no opinar, es el trono donde reinan los resentidos del 2004, los que con medio cuerpo en Moncloa les amputaron la ambición con 200 muertos como serrucho. Hoy, aquí en Euskadi, en un partido roto, entre un montón de héroes, que soportan el asedio de la violencia como pueden, y cuatro cuneros, tipo Astarloa, del que ya hablaremos otro día, que vienen, recogen votos, duermen de hotel y vuelven a Madrid.
Tras 30 años de pasión evangélica, unos han caído, y en silencio, otros soportan la violencia de ser deudos de los asesinados, otros viven con los labios morados, de tanto morderlos para no hablar, otros callan y medran, otros solo callan, todos malviven en una sociedad sin dignidad ni libertades. Y otros lloramos, desde el horizonte, por una patria de la que nos echaron a baquetazos. Y todos sin saber donde estamos, y sin saber donde esta nuestra esperanza, si esta aun existe. Carentes como estamos de unidad y de orgullo, entregados a una rutina de muerte que de vez en cuando nos perturba el sueño, o nos obliga a acudir al consorcio de seguros para cambiar las ventanas, mirando siempre a otro lado, soplando de alivio porque no nos toco a nosotros, eligiendo en cada elección por mera costumbre, como la de ir a misa los domingos, a la casa de un Dios al que no hacemos caso cuando nos pide que cojamos una escoba y barramos de nuestras vidas a tanto miserable. Acostumbrados como las reses de nuestros caseríos a pacer tranquilos, obedecer al amo y esperar la muerte, aseladas a la sombra de las guadañas.
¿Non gaude, Isaías?, dínoslo que nos ves desde allá arriba, y tendrás más perspectiva. Tú al menos, ya has salido de esta pesadilla. Porque nosotros ….

sábado 2 de febrero de 2008

Leonor Watling

El viento es el único que, acaso cuando no se invierna, nos trae desde la oscuridad de nuestro desvalido olvido, las figuras anónimas que nos construyen, y mas aun, nos redimen a través de cuanto crean. Bella entre las bellas, como la definió Miguel Bose, Guillian Watling, es una de esas figuras. De solar español y boceto ingles, Guillian es una mujer extraordinaria. Una intelectual de avidez incontenible, de reflexión serena, de gesto adusto, ironía rampante y dulzura rezumada. Digna de ella ha resuelto ser su hija, Eli Ceballos, en la intimidad de su hueste, Leonor Watling para todos nosotros. Entregada, como su marido, a la lectura, ha sabido despertar siempre entre su gente una querencia intensa por el arte y el pensamiento, que ha labrado con tesón en sus hijos. Niña era Leonor, cuando cada noche, a la puesta del sol, su madre acompañaba su acompasado parpadeo a los sueños, entre las páginas de un libro, también de sueños. Nada de cuentos. Lejana a las fabulas infantiles, Guillian acunaba a su niña junto al descubrimiento de algún misterio, de alguna idea, o de alguna quimera. Historias de Egipto, tratados de Roma o escudriñadas miradas a las estrellas. Y cuando no, el lego. Esa pasión constructora y creativa, en la que Leonor también encontró el resuello de su madre. Y así creció Leonor Watling, en un hogar que impulsaba el estudio, que alentaba el éxito académico, pero que alababa y ensalzaba, con prioridad intransigente, el arte, las facetas que desarrollan el espíritu y todo cuanto significara en sus hijos crear. Era mitad española y mitad inglesa. Cantaba canciones en inglés y francés, sin saber muy bien las cantinelas que los demás niños tonaban, mientras miraban asombrados la ropa, los estuches y la impedimenta que sus tíos, amigos y allegados la enviaban desde las islas. Una aureola extraña, eso que ahora llamamariamos friki, la envolvía en su colegio hasta proporcionarla un cierto aislamiento, que solo rompió una niña suiza, que compartió, tiempo después, su diferencia. Era pequeña, era distinta. Y eso no la hacia creerse superior, pero si ser consciente de su fragilidad. Pronto aprendió que ser discreta y negociar era una salida, la violencia, con su altura, un suicidio. Por que su altura, o la falta de ella, la hizo sentir aun más rara. Pero nada importó pues sus padres y sus tres hermanos inculcaban en la menor de los Ceballos, la virtud de la independencia y la distinción, como rasgos que habían sido de Leonor de Aquitana, aquella valiente mujer a quien debía su nombre.
Doce años habían pasado cuando un accidente arrancó de su vida a dos de sus tías. Una cirujana eminente y una doctora en ciencias. Como su madre, dos mujeres pioneras, en los años en que ser mujer y morar en la universidad, y además con éxito, no eran elementos simbióticos. En medio de ese aire cosmopolita y aparentemente invulnerable, esa falta modificó el carácter de Leonor. Tanto como la muerte de su padre, seis años después. “A la muerte de mis tías, sus legajos, tratados y apuntes se destruyeron. Pero sus cuadros, sus relatos, aquello en lo que ellas depositaban su tiempo, no”, diría tiempo después. La joven había descubierto en el arte la inmortalidad, aquello que nos sobrevive, el legado que merece la pena guardar. Esa convicción quedó fraguada en el molde de un carácter seguro y convencido. Con dieciocho años, la muerte de tus seres queridos te ofrece una superioridad tangible sobre tus iguales, tú has vivido y sentido algo que los demás no, uno de los secretos de la vida esta a tu alcance, y eso te hace superior, al tiempo que te permite ser distinto. Porque tus rarezas, tus comportamientos distantes y distintos, son comprendidos en el marco del dolor que desprendes. Y así nacería una de las señas de la modernidad artística española. Rara, profunda, distinta, sensible, serena, segura, adusta, sarcástica, reflexiva, amorosa y hermosa. Envuelta en sociedad y comprometida con ella, pero alejada de la estirpe superflua que reina, Leonor Watling. Traicionada por una de sus rodillas, su carrera como bailarina clásica derrotó a la escena donde la voz cita, recita y canta, donde la piel muda en cada personaje, y la mueca nos aprieta el estomago y nos abre el alma.
Siempre creyó que la vida quedaría dibujada en el patio del colegio. Pero se equivoco. Creció, en humanidad y cuerpo, en una evolución casi darwiniana, en todo su ser. Porque antes miraba a los ojos de la gente, y ahora se sabe las aceras de Madrid de memoria, de tanto mirarlas para evitar que la alegría de la gente al encontrarla, llame a zafarrancho a su pudor. Ahora ha aprendido a relativizar la existencia, porque el amor te desconecta de muchas preguntas. Que más da el sentido de la vida, cuando el amor es lo único que tiene sentido. Ha aprendido a valorar el presente y buscar lo esencial, desprendiéndose de lo innecesario. Una vez le explicó al gran Wyoming que en su casa nada había que no se pudiera romper, para evitar la esclavitud a las cosas, y la pena ante insignificancias, que los dramas, y lo esencial son otros, y eso ya se lo enseñó la vida.
Hoy es Leonor Watling, con el apellido de su madre, porque así preserva la intimidad de sus hermanos, y así no deben avergonzarse de ser pariente de famoso, o de las miserias que le atormenten, y porque Eli Ceballos nunca actuaría, es demasiado tímida, y demasiado celosa de lo que siente, como para pregonarlo ante todos. Una estrella en la constelación de Natalia Verbeke, Ingrid Rubio, Elena Anaya o Maria Voto.
Debutó en el cine con 18 años, y de la mano de Pablo Llorca, en “Los jardines colgantes”. Una prueba, para ella, de su necesidad de vivir en escena, pero de ganarse el derecho a residir en ella. Por lo que abandonó un instante, para volver a su raíz, a Londres, y prepararse en el Actor’s Center, al tiempo que el trabajo en bares, hoteles y tiendas completaban su tiempo y su exiguo presupuesto, al igual que lo hacia su labor de actriz de doblaje de, entre otras, Penélope Cruz.
Volvería a España en 1994, para seguir creciendo de la mano de Juan Carlos Corraza, y asomarse al gran publico a través de series como “Hermanos de Leche” (Antena 3), o “Querido maestro” (Tele 5). Tras esos comienzos, su ingenio y control de la escena, y sus grandes recursos dramáticos irían ganando adeptos en piezas como “Un solo de cello”, “Sueños de sal”, “Todas hieren” , “Grandes ocasiones” , “La primera noche de mi vida” y “No respires, el amor está en el aire” .
Su primera nominación a los Goya, y el primer gran reconocimiento de la crítica vendría en 1998, en la obra de Mercero “La hora de los valientes”, tras la que se consagraría con la serie “Raquel busca su sitio”, de la cadena publica y el excelente drama romántico “Son de mar” , de Bigas Luna.
Después todo han sido éxitos y reconocimientos a una labor impecable, que le ha valido el fotograma de plata a la mejor actriz, y segunda nominación a los Goya en 2002 por “A mi madre le gustan las mujeres” de Daniela Fejerman e Inés París. Y el aplauso del publico y la critica por trabajos como “Hable con ella”, de Almodóvar, “Deseo” de Gerardo Vera o “Mi vida sin mí” , de Isabel Coixet, que la valdria el premio de la Unión de Actores.
“En la ciudad” de Cesc Gay, “Mauvais Esprit” de Patrick Alessandrin, “La mala educación” de Pedro Almodóvar, “Inconscientes” de Joaquín Oristrell, “Crónicas” de Sebastián Cordero, “La vida secreta de las palabras” de Isabel Coixet, “Malas temporadas” (2005) de Manuel Martín Cuenca, “Tirant Lo Blanc” , “El carnaval de Sodoma” de Arturo Ripstein, “Salvador” de Manuel Huerga, “Paris, je t’aime”, “Historias para no dormir” de Alex de la Iglesia, “La habitación del hijo” , “Teresa, muerte y vida” de Ray Loriga, o las recientes “Belle du Seigneur”de Glenio Bonder y “Los Crímenes de Oxford” de Álex de la Iglesia, son algunos de los porques de la admiración que despierta.
Pero el arte no admite especializaciones, porque el alma no tiene compartimentos, por lo que su carrera no ha quedado ahí. Crecida en la música junto a su madre y junto a los coros de gospel de la Iglesia Anglicana de Madrid, pronto buscó el calor el abrigo de la música en grupos de jazz y soul, hasta que la aventura de descubrir la llevo a unirse a Alejandro Pelayo y a Oscar Ybarra, para iniciar un experimento llamado "Marlango", un grupo, como ella, distinto, nacido en el regazo seco del piano de Tom Waits, que busca sensaciones en el jazz y el soul de los cabarets de entreguerras, que adora penetrar en terrenos vedados o vírgenes, que habla en inglés y canta en humano, como es palpable en sus dos obras hasta hoy “Marlango” (Disco de Oro) , y “Automatic Imperfection” . Y esta es la sencilla historia de Leonor. Una mujer bella en todo su ser, que es ejemplo de cuantos límites tenemos los seres humanos. Ninguno. Y de cuanto tiempo debemos dedicar a lo superfluo, a lo banal y a lo burdo. Nada.